Cochabamba, viernes 23 de agosto de 2019

La totalidad del hombre

| Antropóloga y docente universitaria maia_te@hotmail.com | 14 may 2019 | Ed. Imp.

La vida cotidiana no está fuera de la historia, sino en el centro mismo del acaecer histórico, es la verdadera esencia de la sustancia social. La investigadora Agnes Heller señala: “La historia es la sustancia de la sociedad y la sociedad no dispone sustancia alguna que no sea el hombre, pues los hombres son los portadores de la objetividad social y a ellos les compete la construcción de cada estructura social y su transmisión”. En consecuencia, la historia es el despliegue de la esencia humana debido a que la sustancia no contiene solo lo esencial, sino también la continuidad de toda la heterogénea estructura social, sobre todo la continuidad de los valores. Consiguientemente, la sustancia de la sociedad no puede ser sino la historia misma. Esa sustancia donde no hay jerarquía social frente a lo moral y a la vida cotidiana.

La vida cotidiana tiene una historia también, porque se dan condiciones sociales para que esta se despliegue, además coyunturas que permiten su cambio. Heller, en su tesis sobre la vida cotidiana, considera que las vivencias individuales y colectivas determinan una razón de ser social. Lo cotidiano, además, es cambiante. Y una manera de cambiar en función de las necesidades de los hombres que viven en condiciones difíciles es la de lograr la condición de que el hombre "sea capaz de luchar durante toda la vida, día tras día, contra la dureza del mundo".

Por esa razón, la vida cotidiana es la totalidad del hombre, ya que participa con todos los aspectos de su individualidad, de su personalidad, donde están sus sentidos, su capacidad intelectual, su habilidad manipulativa, su sentimiento, pasiones, ideas e ideología, de forma que es altamente heterogénea, pero su heterogeneidad reconoce un orden jerárquico: la organización del trabajo, el consumo, la recreación, los vínculos personales, las formas de amar, de nacer, de enfermar y de morir, así como los campos de significación que constituyen su territorio. Pero, en esta situación, algún aspecto puede ser determinante, lo cual varía según los momentos históricos y los grupos sociales.

Es así que la vida cotidiana se organiza según una dimensión simbólica, temporal y espacial. Sin embargo, en las transformaciones actuales se produce una verdadera revolución de la cotidianeidad, debido a la fragmentación y la desagregación de los vínculos sociales preexistentes. Se podría decir que es una necesidad para la concreción del proyecto de sociedad global que coexiste con formas incipientes de reagrupamiento. También se puede decir que lo urbano es la característica de la época, debido al capitalismo que abrió la tendencia a la concentración urbana donde el neoliberalismo instauró su fragmentación diferencial. Se configuran entonces, formas institucionales diseminadas en el conjunto social que conjugan las acciones directamente represivas con las consensuales, a fin de limitar los síntomas de la desagregación social y mantenerlos en los límites de las "barreras urbanísticas" definidas.

En efecto, la vida cotidiana construye la historia y es “el espejo de la historia”, porque nos da una imagen de la sociedad histórica respectiva y a su vez nos enseña el secreto de ella. La historia sin la vida cotidiana registrada pierde esencia.



Tags: hombre,totalidad

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