Cochabamba, lunes 19 de agosto de 2019

Ponciano: “El arte es la columna de los pueblos”

| MARIELA COSSÍO M. Twitter: @cossio_mariela | 13 may 2019 | Ed. Imp.

PONCIANO CÁRDENAS PINTA UN MURAL EN SU TALLER, EN BUENOS AIRES (ARGENTINA).

“El arte es la columna vertebral de los pueblos. Te abre puertas y desbloquea. El artista debe encontrar ese lenguaje que muestra su identidad. Cuando se plasma esa autenticidad, esa obra se convierte en arte”, reflexionó Ponciano Cárdenas en una entrevista con Claudio Avruj, en Buenos Aires (Argentina), en 2011. El maestro boliviano, pintor y escultor, radicó en ese país, desde hace 70 años. Hace cuatro días, familiares y amigos lo despidieron. Falleció a sus 91 años.
Ponciano nació el 25 de agosto de 1927 en Cochabamba (Bolivia). Se destacó como escultor, ceramista, pintor y grabador. Uno de sus profesores, en la primaria, descubrió su talento en el dibujo. “Cuando tenía siete años, hacía los dibujos en la pizarra. Aunque tengo la sensación de que estoy metido en el arte desde el vientre de mi madre”, contó en una producción documental que está en la cuenta de Youtube de su nieta Mailén

En esa oportunidad, relató que siempre llevaba arcilla en el bolsillo porque le encantaba moldearla. Las esculturas de “toros bravos”  estuvieron entre sus primeras creaciones. Ponciano contó que vivía en la calle Lanza, en la Llajta. Casta Canedo, su madre, era una mujer de pollera que vendía chicha y era curandera. Era  de una familia adinerada. Su vecino era un abogado que criaba toros para las peleas y corridas en el estadio, una actividad conocida como Toro Tinku, que aún se organiza en pueblos de la región andina y otros del Valle Alto. Ponciano se apoyaba en una pared de adobe (pieza hecha de arena, arcilla y paja) para admirar las características de los animales mamíferos, que luego se convertirían en esculturas. En ese tiempo, las figuras de los toros salvajes no fueron tan vendidas, pero unos años después fueron la atracción de los argentinos. “Retomé esa iniciativa y se comercializaron muchísimas”.

ANTONIO PUJÍA, MARIANA MARTINELLI Y EL MAESTRO BOLIVIANO, EN UNA EXPOSICIÓN.

MIGRAR En 1948, Ponciano emprendió viaje rumbo a Madrid (España), para formarse en la escuela de Bellas Artes, pero debía hacer una parada en Buenos Aires (Argentina). Ahí conoció al reconocido escultor Luis Perlotti, quien lo invitó a conocer la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, del que años después sería profesor y luego su vicerrector hasta 1998.
Alfredo Guido, en ese entonces director de la institución, valoró las obras del maestro y le ofreció quedarse. “Hermano boliviano, esta es tu casa”, le indicó. Ponciano aceptó e inició aquella aventura. En esa escuela conoció al amor de su vida, Mariana Martinelli, su esposa, con quien tuvo cuatro hijos

Antes, Ponciano escuchaba a su madre que le decía que el arte no iba a darle comodidades ni dinero, pero que sí lograría el reconocimiento de la gente. Después de unos años, el maestro indicó que logró ambos aspectos. Vendió más de 1.000 obras, principalmente murales que se exponen varios museos del mundo.
PREMIOS En 1966, el maestro boliviano recibió el primer premio a extranjeros en pintura y dibujo, en Buenos Aires (Argentina). Un año después, obtuvo el segundo reconocimiento en dibujo del Salón Municipal y en 1975 consiguió el segundo premio Nacional de Pintura. También fue jurado en la Bienal de Maldonado, en Uruguay, en 1977

Entre sus obras más importantes, está “El despertar de América”, una escultura en bronce que está en el Balneario Barbados, Pinamar, en Buenos Aires.
“Vivió la vida con pasión y la identidad grabada en cada paso. Lamento comunicar que hoy Ponciano falleció, dejando su huella en todos los que lo rodeamos”, escribió la familia del maestro boliviano en su página en Facebook, la noche del 8 de mayo.



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