Cochabamba, domingo 21 de julio de 2019
Daysi Rocabado, directora del hospital

“El sindicato tenía poder para elegir al personal en el Viedma”

La profesional asume su cuarto año al frente del centro de tercer nivel de salud más grande de Cochabamba. Cuenta cómo fue y es administrarlo. 
| | 14 mar 2019 | Ed. Imp.

DAYSI ROCABADO EN SU OFICINA. EL DÍA DE LA MUJER RECIBIÓ UN RAMO DE FLORES. BETTY CONDORI





La directora del hospital Viedma, Daysi Rocabado, recordó aquel día en el que dirigentes del sindicato y la federación de trabajadores llegaron hasta su oficina “para agredir verbalmente, golpear las puertas y amenazar con echarme a patadas, si es que no salía en 10 minutos de la institución”.

Sintió en carne propia lo que es el machismo traducido en hostilidad, en desconfianza de que una mujer administre el hospital de tercer nivel más grande de Cochabamba.

Contó que los sindicatos tenían tanto poder, que hasta definían quiénes podían trabajar y quiénes no.

“La negociación era a cambio de dejar trabajar a X persona, si hay ítem de por medio. Había una serie de prebendas, de beneficios de los grupos corporativos”, dijo.

A cuatro años de dirigir el Viedma, Daysi Rocabado, relató cómo fue y es administrar el hospital.

P. ¿Cómo llegó y cómo encontró el hospital?

R. Cuando llegué estaba totalmente parada la unidad de Imagenología. No funcionaban varios equipos, el tomógrafo estaba dañado. Había desorden.

Pasamos vicisitudes en las cosas internas. Sentíamos la carga pesada porque la gente pensaba, y aún piensa, que el Viedma debe resolver todo. Si un centro de salud tenía averiado un equipo, derivaba sus pacientes a nuestro hospital. Eso se debe a que falta seguimiento y monitoreo para saber qué hacen los directores de esos hospitales. La tarea debe ser del Servicio Departametal de Salud (SEDES), de los coordinadores de red, de un autoseguimiento y control.

En mi caso, la MAE (el gobernador Iván Canelas) sabe qué pasa y dónde se necesita intervención en el Viedma.

Hay deficiencia en las direcciones y es porque se han dado cargos a gente sin especialidad. La administración es una ciencia, no es una cosa casual ni se elige a la persona más antigua o al cirujano más antiguo.

Los médicos deben prepararse. Yo no hubiera aceptado el cargo si no tuviera una maestría en Gerencia de Hospitales y de haber manejado un hospital durante seis años. Debo seguir investigando y preguntando cosas que no sé.

El hospital tiene que mejorar. Nos hemos propuesto convertirnos en el mejor hospital público del país.

P. Pero encontró problemas a la entrada de su gestión.

R. Sí. Había una cultura machista muy arraigada. Muy fuerte. En toda la historia del hospital, que ya casi tiene 135 años, solo tres mujeres más asumieron la dirección: dos salubristas y una que estuvo tres meses de gestión.

Cuando llegué, me dieron dos meses de vida. Decían: “es buena gente, trabajadora, pero no va a aguantar”. Y en realidad es duro. No es nada fácil. Primero había que remontar una forma distinta de enfrentar la gestión, haciendo ver que todos somos parte de la institución y tenemos responsabilidades.

P. ¿Cómo se tradujo ese machismo?

R. Se tradujo en hostilidad, especialmente de los sindicatos y de la federación, al punto de que llegaron a agredirme verbalmente, insultarme cuando ingresaba a la institución, golpear la puerta de mi oficina en una manifestación. Me amenazaron con que iba a ser echada a patadas, con palabras soeces.

El amedrentamiento vino no solo de los varones, sino también de las mujeres. Era una cultura continua y común en el hospital.

Fue difícil hacerles entender que no tengo nada que negociar con ellos, nada, absolutamente nada. Ni apoyo ni falta de apoyo. Estoy aquí por mi perfil profesional, por la experiencia que tengo en el manejo de salud y por encima de todo, porque soy cochabambina.

El día que me vaya, me iré con la conciencia tranquila, porque le he puesto pasión, sacrificio y muchas horas de trabajo.

En mis colegas había mucho escepticismo. Querían ver si hago bien las cosas, como esperando verme caer. Cuando llamaba a una reunión, venía uno o dos personas. Había indiferencia solapada. Les demostré que no ocurrirá.

En el staff tengo jóvenes profesionales muy comprometidos, por eso hemos logrado sacar tantos proyectos estratégicos como la planta de oxígeno.

P. ¿En algún momento, cuando ese grupo de trabajadores golpeó su puerta, hacía mención a su condición de mujer?

R. Si. Seguramente con un hombre se hubieran dado de golpes. Hay antecedentes de que un dirigente fue a insultar a un doctor, en su oficina.

La gente estaba acostumbrada a amedrentar a los directores, a convencer a los prefectos de ese entonces, para que retirara el apoyo al director. Por eso, decían que yo no iba a durar. Han marchado en mi contra. Han hecho una huelga porque hemos desvinculado a 32 trabajadores sin condiciones.

P. ¿Entonces el sindicato y la federación eran un poder?

R. Sin duda. Era un poder, pero ya no lo es más, porque hemos logrado sentar las bases de los roles. Tengo claramente definida la atribución de la directora y sé que no tengo que consultar las decisiones gerenciales a un sindicato o a una federación.

Una vez rayada la cancha, ellos han entendido de que ya no hay más posibilidad de nada. La negociación era a cambio de: “Dejo trabajar a esta persona, pero me das ítem”. Recibían una serie de prebendas. Definían quién trabaja y quién no.

Ahora es el SEDES que define cómo se van a dar ítems y se basa en la evaluación. También había resistencia a evaluaciones. Los sindicatos se han sentido atacados. Esas 32 personas fueron producto de ese poder. Hay una historia repetida del insulto, del amedrentamiento en base de la fuerza.

135 años

El 14 de septiembre de este año, el Viedma cumplirá 135 años de vida. Solo cuatro mujeres, incluyendo Rocabado, administraron el hospital.



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