Cochabamba, domingo 21 de julio de 2019
DIDASCALIA

Conocerlos para valorarlos

| Máster en Formación Docente e Innovación Educativa nestor.arinez@gmail.com | 14 mar 2019 | Ed. Imp.

Conocí al inigualable Cat Stevens con su famosa canción “Father and son”, que con una guitarra acústica y una melodía fascinante proponía un texto sobre las distintas visiones del mundo entre adultos y jóvenes. Tiempo después, llegó a mis manos un libro titulado “Siddartha”, de Hermann Hesse, en el que se relata la búsqueda de sentido del joven protagonista y que parecía estar en estrecha relación con la obra de Stevens, a pesar de que el autor suizo alemán la haya escrito en la década de 1920 y el hippie norteamericano hubiese compuesto en 1970. Luego, me enteré que Hesse fue la bandera de la rebeldía de la generación de 1960 no solo con la obra ya citada, sino también con “Demian” y “El lobo estepario”.

Enterarme de que Hesse no estuvo de acuerdo con la guerra y que su postura fue siempre a favor de la humanidad me hizo comprender mejor sus textos y el por qué el movimiento hippie, que profesaba la paz, lo puso como bandera.

La primera obra de Verne que leí fue “La caza del meteoro”. En esos tiempos vacíos, en los que no me quedaba más que revisar el estante de libros de mi padre, encontré esta fascinante obra que me llevó a buscar más del autor francés. Tiempo después, en algún prólogo, me enteré de que cuando Julio tenía 10 años intentó escapar de su casa subiendo a un barco con destino a la India, de donde pretendía comprar un collar para su madre. Su padre, al enterarse, fue a rescatarlo antes de que la embarcación zarpase y le dijo que de ahí en adelante los únicos viajes que podría realizar serían a través de su imaginación. Y cómo viajó Verne, no solo surcando el espacio, sino también el tiempo, fue uno de los precursores de muchos avances tecnológicos del Siglo XX e incluso de nuestros días.

Después de leer con ansiedad algunas obras de Agatha Christie, me resultó difícil creer que sufría de disgrafia y dislexia. Recién entendí por qué una máquina de escribir estaba casi siempre presente en sus obras y por qué ella no escribía sino que dictaba sus textos a una secretaria. Pero también quedé impresionado al enterarme que después de su muerte se conocieron más de 60 cuadernos escritos a mano con historias de su personaje más conocido, Hércules Poirot.

Juana de Arco es uno de los personajes de la historia que más admiro, quizá tal vez porque la conocí gracias a Mark Twain. Sí, el famoso escritor norteamericano, escéptico por cuanto a la fe se refiere, escribió una biografía novelada de la actual santa francesa, en la que con su estilo sencillo, ágil y alegre, narra cómo esta joven fue guiada de manera divina a participar en la guerra de los Cien Años.

Dostoyevski siempre me pareció un autor misterioso, leyendo “Crimen y castigo” o “Los hermanos Karamazov” es inevitable pensar qué estaba pasando por la cabeza del autor. Sin embargo, nunca me hubiera imaginado que el escritor ruso padecía de ludopatía y que su interés por ganar más dinero lo hubiera llevado a escribir una de sus obras más famosas, describiendo el mundo de las apuestas y el juego: “El jugador”. Obra que escribió en pocas semanas para pagar las deudas que lo ahogaban.

Cada semana, en el suplemento “10 minutos de Lectura” se publica una entrevista ficticia a los grandes autores de la literatura universal. Como acabamos de ver, conocer quién ha escrito una obra, en qué contexto y con qué intencionalidades, nos permitirá entender mejor, valorar y hasta amar, su obra.



Tags: valorarlos,Conocerlos

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