Cochabamba, jueves 21 de marzo de 2019
Desde Afuera

El hombre que cambió la forma de ser Presidente

| | 12 mar 2019 | Ed. Imp.

Hace tres años, Marcelo Rebelo de Sousa llegaba a pie a la Asamblea de la República para asumir la jefatura de Estado de Portugal. Un gesto simbólico con el que anunció cómo iba a cambiar la forma de ser presidente, sorteando los protocolos y acercándose al pueblo.

En Portugal nadie le llama Rebelo de Sousa; es simplemente Marcelo, el Presidente que se presta a "selfies", improvisa sobre una agenda oficial cargada de eventos y comenta la actualidad cada vez que le ponen un micrófono delante.

Un estilo muy diferente al de su predecesor, el también conservador Aníbal Cavaco Silva, que ejerció la presidencia durante una década bajo el paraguas de la institucionalidad, con un carácter reservado y poco dado a comentarios.

"Rompe con el pasado. Es completamente distinto de su antecesor, es una presidencia más próxima con la gente y llena de afectos", explica a EFE la periodista portuguesa Felisbela Lopes, coautora de "Marcelo: presidente todos los días", un libro en el que, junto a su colega Leonete Botelho, repasa los primeros tres años de mandato.

La llegada de Marcelo se produjo en un momento complicado para el país, cuando se recuperaba de la austeridad impuesta por la troika, y su estilo de ejercer la presidencia ayudó a la sociedad a reconciliarse con la política. "Es un modelo de enorme eficacia, porque la gente necesitaba recuperar la confianza que había perdido", considera Lopes.

En su cercanía con los portugueses, Marcelo ha hecho suyas varias causas sociales, como los "sintecho" o los refugiados, y se ha involucrado en el tercer sector, normalmente relegado a la primera dama, tal vez porque él no tiene una.

Pero su calidez y su actividad social no han sido los únicos cambios. El Presidente ha tenido una actuación política permanente en estos tres años, en los que ha convivido con un Gobierno socialista con el que ha compartido cierta complicidad pero al que ha presionado en momentos delicados.

Fue el caso de la tragedia de los incendios de 2017, cuando su discurso exigiendo un "nuevo ciclo político" precipitó la dimisión de la entonces ministra de Administración Interna, Constança Urbano de Sousa.

Marcelo ha hecho uso del poder de veto que le otorga el sistema semipresidencialista portugués en once ocasiones, pero, a diferencia de sus predecesores, no ha recurrido nunca al Tribunal Constitucional para evaluar una ley.

Ha preferido explicar sus motivos y dar una segunda oportunidad al Gobierno o al Parlamento para revisar la norma y subsanar las lagunas apuntadas.

Su impronta ha alcanzado al frente diplomático. Ha reforzado el papel del jefe del Estado como representante del país y suele buscar la complicidad en sus visitas al extranjero, como ha sido el caso de España y su relación con los reyes. "En su primer viaje a España notamos una enorme complicidad con el rey Felipe VI, pero también se preocupó en crear puentes con la reina Letizia", cuenta Lopes, que cree que la postura protocolaria que deben guardar los monarcas "se neutraliza un poco" cuando tienen a Marcelo al lado. Su actividad frenética le ha llevado a adquirir un protagonismo que no se espera en un presidente en Portugal y, aunque a veces juega con los límites, sabe cómo no excederse en sus poderes, como buen experto constitucionalista.

Tomado de la agencia EFE



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