Cochabamba, sábado 25 de mayo de 2019
TEXTUAL

Cuestión de todos

| Abogado, docente e historiador del Derecho imcorajq@hotmail.com | 11 mar 2019 | Ed. Imp.

Existen pecados que se cometen en la juventud, muy propios del ímpetu de la edad y la inmadurez; los juicios precipitados, el deseo de figuración, la conquista de la gloria efímera. Ya en la Biblia encontramos una rogativa salmodia que implora al creador para que en la hora del juicio eterno no se acuerde de los pecados de la pubertad.

Decididamente, la juventud es una enfermedad, empero ella va curando día que pasa y no vuelve jamás. Ya lo decía con nostalgia Rubén Darío. Un conocido escritor nacional, con su natural y característico estilo vitriólico, se refería a las faltas de ese periodo de vida como pecados de “ jumentud ”. De ahí, a cometer en la edad madura y peor en la sabia senectud, equívocos vergonzantes y vergonzosos hay mucho trecho y más grave aún si estos conllevan procacidad indebida en contra de un sector de la población, que por su misma condición de género merece el máximo de respeto y admiración.

La provocación machista y misógina que condenamos, es más censurable aún, por haberse realizado en forma pública durante un acto recordatorio de trascendencia y se agrava cuando se justifica la indecencia de manoseo a mujeres y humillarlas por parte de una alta autoridad edil, por quien es homenajeado como ciudadano meritorio, quien en su vida pública enarboló banderas ideológicas que supuestamente proclaman la igualdad y dignidad; habiendo, además, representado al país como Embajador.

Lamentablemente, el hecho anterior acaecido hace poco tiempo en la ciudad de Santa Cruz, no es singular ni aislado; más parece una constante en la conducta de quienes se alinean dentro de un régimen, que desde su entronamiento en el poder ha demostrado el total irrespeto a los derechos de la mujer y a su dignidad en todas sus instancias en forma vehemente y reiterada.

Rafael Barrios, diputado plurinacional, recuerda la existencia de un video en el que el Presidente del Estado y líder cocalero, el año 2005 decía “(…) a mí me lo traen (mujer) de cada sindicato (…)”. No fue esta la única y desafortunada de dicha autoridad para demostrar una postura machista; la reiteración de ella le permite figurar en la antología del deshonor.

De los niveles intermedios, ligados al partido gobernante, no se podía esperar otra conducta: en estos días, el dirigente cocalero del trópico de Cochabamba Leonardo Loza, “ofreció misses al ministro de Minería, Cesar Navarro, para que se quede hasta tarde". Textualmente reproduce la prensa nacional y la extranjera.

El pueblo en su conjunto no requiere un registro circunstanciado de las veces que se melló la dignidad de las mujeres; reclama y exige que se ponga un coto definitivo a esa injusta servidumbre a la que nos somete el poder político, que prime la cordura y la sensatez procesando y castigando ejemplarmente a los infractores. La Declaración Universal de Derechos Humanos sostiene que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de la persona. Ha llegado la hora de poner en vigencia tales derechos y no esgrimirlos como muletillas en discursos intrascendentes. Es hora de decir basta ya, a la vergüenza y humillación.



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