Cochabamba, domingo 21 de abril de 2019

Sobre la lectura

| Escritor, abogado y “Cronista de la Ciudad” ramonrochamonroy@gmail.com | 12 feb 2019 | Ed. Imp.

Los libros son seres vivos y pensantes. No hay que encajonarlos como si fueran judíos condenados al Holocausto sino hojearlos, airearlos y, sobre todo, leerlos o releerlos. Qué digo: no son solo seres vivos y pensantes, sino seres dotados de sentimientos, que sufren soledad y, sobre todo, esperan.

Me regalaron una novela que tenía fallas de edición. Ya iba a dejar la lectura, pero de pronto se me ocurrió continuar leyendo e imaginar las páginas en blanco. Lo mismo me pasó con una serie de Los Borgia en discos que se me desordenaron. Vi así la serie y resulta que el papá moría en el primer capítulo, en el segundo estaba joven y en el tercero su hija Lucrecia cometía sus "pecados" y en el cuarto era una niña. Pocas veces ejercité tanto mi imaginación.

Un día me mudé a la calle Baptista y no hallaba el interruptor de luz, pero en ese lapso escuché el resuello de los libros. Por fin encendí la luz y allí estaban, esperando a que los leyera. Me senté en una mesa con un libro en la mano y entonces noté que detrás de mí había como una tribuna gigantesca de personajes que querían salirse de los libros. Yo pertenecía a esa raza de lectores que dan vida a los libros, porque es un acto de magia convertir la realidad en un estampado de signos negros sobre papel blanco, pero es un milagro paralelo el pasar la vista por esos signos negros y convertirlos en una realidad colorida.

Nunca seguí disciplina alguna para leer, mucho menos la que nos obligaban en el colegio, esa perspectiva arqueológica de iniciar las lecturas con Homero y luego los clásicos, y dejar a la deriva la literatura moderna y contemporánea. No. Yo leí lo que se me antojaba y a veces con remordimiento, porque mi lectura obligatoria eran las obras escogidas de Lenin y el Materialismo Histórico de Konstantinov, donde había un index de literatura burguesa, que uno nunca debía leer. Yo leía, por entonces, a Moravia, a Cortázar, a Vargas Llosa, y sus técnicas vanguardistas me parecían burguesas. Así que los leía como si fueran libros prohibidos.

Entonces me encontré con un consejo de Daniel Pennac en Como una novela, que habla de los derechos del lector.

* El derecho a no leer

* El derecho a saltarse páginas

* El derecho a no acabar el libro

* El derecho a releer

* El derecho a leer cualquier cosa

* El derecho a la satisfacción inmediata y exclusiva de las propias sensaciones, a la identificación

* El derecho a leer en cualquier lugar

* El derecho a hojear

* El derecho a leer en voz alta

* El derecho a callar



Tags: lectura,Sobre

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