Cochabamba, miércoles 21 de agosto de 2019
Detrás del Abogado del diablo

Marcos, un fiel guarula de Jhasmany por devoción a condenada por asesinato

La mano derecha del director de Leclere y Asociados está en la cárcel de Sacaba, junto a Alejandra Saavedra, con quien tendría una relación.
| | 10 feb 2019 | Ed. Imp.

MARCOS F.C. EN EL FACEBOOK DE LECLERE Y ASOCIADOS. ALEJANDRA SAAVEDRA BARROSO EN EL JUICIO DE 2016.


El abogado del diablo, como él mismo se hacía llamar, Jhasmany T.L., estaba siempre rodeado de hombres y mujeres, entre juristas, asistentes, policías, choferes y otros a los que les repetía constantemente que eran "familia" y que tenían un pacto de lealtad que no podían quebrar. Tras la caída del director de la consultora jurídica Leclere y Asociados, la mayoría de los miembros del grupo, al que la Fiscalía calificó como una organización criminal que se dedicaba al secuestro, la extorsión, el robo agravado y otros delitos, empezó "a cantar" detalles respecto a los casos que son investigados, y a descargar toda la responsabilidad en Jhasmany.

El más "fiel" al abogado del diablo es Marcos Fernando F.C., un joven que nació en 1993, en Cochabamba, y que cumplirá 26 años el próximo 29 de abril. Salió bachiller de un colegio de la zona norte de la Llajta en 2010 y estudió la carrera de Ingeniería en Sistemas Informáticos, hasta el último semestre, en una universidad privada. En el muro de Facebook de la Consultora Leclere y Asociados, que él mismo administraba, era presentado como responsable de la división de informática, redes y seguridad del bufete y estudiante de primer año de Derecho.

Las primeras veces que periodistas de OPINIÓN vieron a Marcos F.C. fue en las audiencias del juicio oral por el doble asesinato de las hermanas Gloria (campeona nacional de taekwondo) y Peggy Adriázola, que se llevaron adelante entre el 22 de febrero y el 17 de marzo de 2016.

El joven estaba, generalmente, en la primera fila del público, y miraba fijamente a Alejandra Doriana Saavedra Barroso, la joven de 20 años que fue sentenciada a 30 años de cárcel por asesinar a puñaladas, junto a su enamorado de 2015, Omar Adriázola Bustamante, a las hermanas de él. En los intermedios de las audiencias, Marcos se acercaba a Alejandra y le daba agua, refresco, pañuelos desechables o lo que necesitara, mientras la miraba con arrobamiento. Al concluir cada jornada jurídica, tras despedirse de la acusada, Marcos ayudaba al abogado Jhasmany T.L., que defendía a Alejandra, a llevar los legajos, maletines y códigos empleados en la defensa. En el salón se especulaba que Marcos era un primo, amigo e incluso se llegó a decir que era el nuevo novio de la sindicada. Sin embargo, la duda no pudo ser absuelta en ese tiempo.

Casi tres años después, el rostro de Marcos F.C. se hizo público al develarse que se convirtió en la “mano derecha” del abogado Jhasmany T.L. y que participó activamente del secuestro del mecánico; en las torturas y el robo agravado al padrastro del jurista; en el ataque a la familia Zegarra, en el plagio a un tramitador de visas en La Paz; en las golpizas a deudores de los clientes del bufete; en los atentados a la casa de un juez, al juzgado de Tiquipaya, al edificio Aly y otros, según las declaraciones de sus excompañeros de la consultora.

Varios aseguran que Marcos F.C. y Christian O.A. (prófugo) eran los guarulas de Jhasmany y se dedicaban a intimidar a quien se pusiera en frente. Dijeron que eran hormonales y muy violentos. También fueron identificados como los que torturaron personalmente al mecánico y al padrastro del abogado de forma “cruel”. Con otras víctimas y con quienes intentaban salirse de la consultora, actuaban de la misma manera, de acuerdo a versiones de miembros del mismo grupo.

Por ello, cuando fue aprehendido en diciembre de 2018, y luego convocado a declarar, Marcos F.C. fue muy cauto y no hizo revelaciones importantes. Incluso repitió las instrucciones de Jhasmany T.L. Por ejemplo, cuando le preguntaron sobre el tatuaje de la pirámide invertida y la estrella de Qliphot, que él también tiene en el antebrazo, sostuvo la misma frase que recomendaba su jefe: “Es un símbolo religioso, es una creencia en Dios”, cuando el tatuaje, en realidad, es parte de la portada de un disco del grupo de death metal sinfónico Therion y tiene un significado ligado a las emanaciones oscuras y prácticas como las torturas, la violencia, la intoxicación y otras.

Cuando se le preguntó si había visto u oído alguna vez charlas de personas del bufete o entregas a funcionarios judiciales, fiscales, o policías, la respuesta de Marcos F.C. fue: “No, nunca, no me pagan por meterme a cosas donde no me llaman”. Además, acotó que todos los abogados que trabajaban en la consultora no dependían de Jhasmany, “solo compartían el estudio jurídico”. Respecto al cambio de memorias y discos de computadoras, dijo: “Si compara lo que se supone que está guardado en el IDIF, con lo que se secuestró, son los mismos equipos. Tendrían que estar. Yo encriptaba los equipos, no tenía copia. Conocía las teras, eran dos que secuestraron en el primer allanamiento, luego se compraron otras dos para reponerlas, pero las volvieron a secuestrar. No sé qué información había ahí”.

El resto de sus respuestas son lacónicas, evasivas y cubren al abogado, al que reconoce como su jefe. “Solía ser empleado, ahora mi jefe está en Chonchocoro”. Marcos F.C. vivía en la casa que Jhasmany T.L. le arrebató a su padrastro, en la calle Kápac Yupanqui 2884. Según él, porque el contrato de trabajo que firmó con el abogado, en diciembre de 2017, así lo estipulaba.

También declaró que no conocía al padrastro de Jhasmany y lo único que supo era que Julián T. deseaba que su hijo herede su casa, pero el abogado estaba molesto por el nuevo matrimonio del hombre que lo crió.



SON ENAMORADOS César M.C., uno de los abogados del bufete, que tiene detención preventiva, hizo una declaración que sorprendió a los investigadores y que confirmó una sospecha surgida en 2016, durante el juicio oral por el doble asesinato de las hermanas Adriázola. “El caso Adriázola lo ha resuelto el doctor Jhasmany con el choquito Marcos F.C. Ese caso, solo los dos han atendido. Marcos era el enamorado, o seguirá siendo, no sé, de la acusada del caso Adriázola. Por eso le exigía al doctor Jhasmany que acelerara. Pagaba Marcos o la mamá de la chica, que iba a trabajar a la casa del doctor Jhasmany con Marcos”, contó.

En su declaración, Marcos relató que conoció al director de Leclere y Asociados en enero de 2016, justo un mes antes de que empezara el juicio del caso Adriázola, y admitió que él hizo el nexo para que Jhasmany defendiese a Alejandra.

Anularon juicio por $us 10 mil

Cuando estalló el escándalo nacional por la noticia de que un abogado había establecido un consorcio de jueces, vocales, abogados, policías y fiscales para “torcer” la justicia en Cochabamba, la Fiscalía reveló que, durante un allanamiento, se descubrió la razón de la sorpresiva y “absurda” anulación de la sentencia de 30 años para Omar Adriázola y Alejandra Saavedra Barroso. La vocal Anawella T.P. argumentó, en mayo de 2018, que en la sentencia del 17 de marzo de 2016 había un un error de redacción que echaba por tierra todo el juicio. Donde describía “elementos probados”, estaba la palabra “ninguno”. Por lo tanto, el juicio debía repetirse. Esta resolución de la anulación había sido redactada en el bufete Leclere y Asociados, por Jhasmany T.L., el abogado de Alejandra. El tenor de la resolución solo fue modificado en un párrafo por la exvocal Anawella T.P. El resto de la resolución es igual al documento hallado en la oficina de Jhasmany, incluso en los errores de taipeo. Sergio O.A., abogado que trabajó en el bufete, y que está detenido, declaró ante la Fiscalía que en el caso Adriázola, Jhasmany “decía que tenía que reunir 10.000 dólares para llegar a un acuerdo con la vocal, a la que le decía tía”.

Alejandra y Marcos están juntos en cárcel de Sacaba

Pese a que el fallo del Tribunal de Sentencia 6 instruía el traslado de Alejandra Saavedra Barroso a la cárcel de San Sebastián, ella permanece en el penal de San Pedro de Sacaba, desde el 15 de mayo de 2015. Tras la ruptura con Omar Adriázola, por su confesión del doble crimen de sus hermanas, Alejandra empezó otra relación dentro de San Pedro, con un joven llamado Brandon que ya salió en libertad y que, según fuentes de la cárcel, ya no la va a visitar hace varias semanas.

Las mismas fuentes señalaron que Marcos F.C. iba a visitarla con mucha frecuencia desde 2016 y que sí tienen una relación amorosa, tal como César M.C. aseguró. Luego de que Marcos F.C. fuera aprehendido en diciembre de 2018, como integrante del bufete Leclere y Asociados, fue sometido a una audiencia cautelar y un juez ordenó su detención preventiva en la cárcel de San Pedro de Sacaba, justo donde está encerrada Alejandra. Ahora, la pareja comparte mucho más, según las fuentes.

Alejandra Doriana es de las pocas internas que tiene una celda privada para ella sola. De día, varones y mujeres están mezclados, pero en las noches son separados, relataron personas que están en ese penal.

Cuando los investigadores le preguntaron a Marco F.C. si él había mediado para que se le pagara a la exvocal Anawella T.P. 10.000 dólares por la anulación de la sentencia condenatoria contra Alejandra Saavedra, el informático respondió: “Eso es mentira. Yo fui el nexo entre Jhasmany y la chica que lo contrató, Alejandra Saavedra, del caso Adriázola, pero que yo haya mediado es mentira y que se haya redactado la resolución (en el bufete), también es mentira”, sostuvo. Para exmiembros de la consultora jurídica, la lealtad de Marcos hacia Jhasmany se debe a que él defendió a Alejandra y logró anular la sentencia de ella, con ayuda de la “tía”.

El caso Adriázola, historia de un doble asesinato

Siete meses antes del fatídico 14 de mayo de 2015, Omar Adriázola Bustamante y Alejandra Doriana Saavedra Barroso fingieron que habían terminado su relación amorosa ante sus familias y amigos. Hasta en el Facebook dejaron de ser "amigos" y Omar comenzó a salir con una adolescente.

Sin embargo, seguían hablando por WhatsApp, por teléfono y viéndose furtivamente. Omar pretendía deshacerse de su familia y Alejandra estaba dispuesta a participar del plan. ¿Los motivos? Querían abrir juntos una churrasquería, pero no tenían capital suficiente. Al desaparecer sus padres y hermanas, Omar quedaría como el único heredero de la casita de Villa Busch, de una vagoneta, de un auto viejo y un terreno en Potrero, Quillacollo, y algo de dinero. 

Pero, además, habían celos y envidia. Gloria Adriázola, de 23 años, ya se había convertido en la campeona nacional de taekwondo y brillaría mucho más en el torneo de Canadá, a donde debía viajar para representar al país en julio de 2015. Omar era instructor de taekwondo, cinturón negro segundo dan, y consideraba que se esforzaba más, pero el biotipo de Gloria era mejor.

Peggy, de 32 años, no era un peligro para nadie. De bebé había padecido convulsiones por una fiebre y, como secuela, sufría una parálisis cerebral parcial que le impedía mover bien el lado izquierdo de su cuerpo. Atenderla iba a ser una carga para Omar. Y como el padre iba a sufrir por la ausencia de las tres, era mejor que se fuera también. Todo eso se lo había dicho a la enamorada con la que sostenía una relación tormentosa de dos años. Y ella, Alejandra, aceptó ayudarlo en todo para comenzar juntos una nueva vida, sin tener que lidiar con las tres mujeres que se oponían a su relación sentimental.  El 13 de mayo de 2015, según el relato de la Fiscalía, en el juicio, la pareja compró en una veterinaria pastillas sedantes para debilitar a Fernando Adriázola, el padre, que es maestro de taekwondo, cinturón negro y tercer dan, y a Gloria, que era instructora, cinturón negro y segundo dan. 

Acordaron verse en la casa de Omar Adriázola, en Villa Busch. Alejandra, que estudiaba Bioquímica en la UMSS, acudió a su facultad. Compró unos guantes quirúrgicos desechables y se fue a la casa de Omar en trufi. Llegó a las 20:30 y tocó la reja de la vivienda con el código que tenían. Omar la llevó a su cuarto y ella se escondió detrás de un edredón colgado. Le entregó las pastillas molidas y Omar las disolvió en las tazas con Toddy de sus padres y de su hermana Gloria. La madre, que llegó muy cansada del campo, se había dormido en el sofá y no bebió de su taza.

Despertó y su esposo Fernando Adriázola le comentó que tenía un malestar y se desvaneció. Ella se asustó y le pidió a sus hijas que llamen a Omar porque había que llevar a su padre al hospital. Peggy fue a buscarlo a su habitación, pero estaba cerrada con llave.

Omar entró a la sala un minuto después y, con ayuda de Gloria y su madre, llevaron a Fernando al hospital de la Caja Nacional de Salud, a dos kilómetros del domicilio. Peggy se quedó en la sala, viendo dibujos animados.

Alejandra, con zapatones, guantes quirúrgicos y un cuchillo de la misma cocina de la casa, entró a la sala y la mató, degollándola y apuñalándola nueve veces. Después, tomó el teléfono celular de Peggy y llamó a Omar tres veces para decirle que ya había callado a su hermana y que vaya a la vivienda. Las cámaras del hospital captaron a Omar, vestido con una chamarra deportiva y jeans, recibiendo las tres llamadas. Los médicos decidieron internar a Fernando Adriázola por una fuerte somnolencia y arritmia. Gloria también tenía mucho sueño y la madre les pidió a ella y Omar que vuelvan juntos a la casa. 

Los dos hermanos taekwondistas retornaron a la vivienda en la vagoneta familiar. Entraron y Gloria fue a su cuarto para cambiarse. Se sacó la chamarra y salió al patio, quizás para ir al baño. En ese instante, su hermano menor Omar la atacó por detrás e intentó ahorcarla con su brazo. Gloria cayó al piso, pero volvió a levantarse e intentó defenderse. Omar le dio una patada en el rostro, causándole la pérdida del diente incisivo derecho. Luego, según la teoría fiscal, la apuñaló 20 veces con ayuda de Alejandra. Gloria, en su afán de defenderse, cogió de los cabellos a Alejandra, pero la vencieron. La campeona agonizó por varios minutos en el patio, delante del cuarto de Omar, mientras éste entraba a la habitación de sus padres y rompía el ropero a patadas para sacar dinero en billetes de 200 bolivianos que le entregó a Alejandra. 

Omar recibió la llamada de su madre pidiéndole que lleve los documentos de su papá al hospital. Se cambió de ropa, metió la otra y su tenis a la lavadora. Gloria todavía estaba viva. Él le recomendó a Alejandra que se vaya rápido, pero ella se quedó intentando limpiar las evidencias. Metió un celular, una computadora y los cuchillos utilizados en los crímenes a su mochila. La Fiscalía sostuvo que se acercó al cuerpo de Gloria para borrar rastros, pero la madre de Omar llegó del hospital y la sorprendió in fraganti. Ambas lucharon hasta que Gloria Bustamante la venció y pidió ayuda a los vecinos. Omar llegó al hospital con los documentos, pero su madre ya no estaba. Había vuelto a su hogar en taxi, preocupada por la demora de su hijo. Esa decisión fue la que desbarató el plan de la pareja.  



LAS PRUEBAS En los tenis, corpiño y otras prendas de vestir de Alejandra, los peritos encontraron manchas de sangre correspondientes a Gloria y Peggy Adriázola. En una grieta de la planta del tenis de Omar se halló sangre de Gloria.  En las manos de Gloria habían varios cabellos. Las pericias comprobaron que ocho le correspondían a Alejandra. Un solo cabello le pertenecía a otra mujer, pero la Fiscalía no consideró necesario un peritaje de éste, pues supuso que era de la misma Gloria. En el piso hallaron una huella de tenis manchada de sangre. La huella es la misma del tenis de Omar. La reconstrucción del doble asesinato y las pruebas de luminol en los pisos evidenciaron que la versión de Alejandra no correspondía con la escena del crimen. En el careo, Omar relató cómo mataron a sus hermanas y le pidió a Alejandra que dijera la verdad. Ella se negó.

14

de mayo de 2015

es la fecha en la que la campeona nacional de taekwondo Gloria Adriázola (23) y su hermana discapacitada Peggy (32) fueron asesinadas a puñaladas por su hermano menor Omar, y la novia de él, Alejandra, según el fallo del Tribunal de Sentencia 6.



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