Cochabamba, domingo 21 de abril de 2019

Pichica

| Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano marcelo@bithumano.com | 02 feb 2019 | Ed. Imp.

Hace un año, las lluvias causaron una terrible inundación de Tiquipaya. Como vecino de la zona, vi de cerca las consecuencias, una de ellas fue que una gata venía a diario al jardín en busca de comida. Eventualmente le dejaba algo hasta que cesaron las visitas. Intrigado, fui al lugar donde se refugiaba y mi sorpresa fue mayúscula cuando en una esquina y plena oscuridad, encontré un pequeño monstruito peludo, una cría de gato. La mamá no volvió y tuve que hacerme cargo.

Lo que sucedió después fue una serie de eventos inesperados. Nunca tuve una mascota propia. Ya adulto, las excusas eran mi escudo, que siempre viajo, que con quien lo dejo, que tengo alergia. Ah, la alergia es la mejor de las excusas. Pero esta vez, el destino jugó una maniobra que no podía eludir. El bicho estuvo cerca de ser regalado varias veces, la alergia no era broma y la pasamos mal. Ambos. Si bien no creo en la astrología ni en supercherías varías, sí sentía que aquí había algo mágico detrás, una coincidencia, una serendipia.

Veterinarios, tratamientos contra la alergia y unos cuantos rasguños después, heme aquí escribiendo estas palabras para reflexionar lo siguiente, una frase de Gandhi que dice: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales". Una mirada a tu alrededor te mostrará que la violencia y el maltrato animal están a la orden del día. Tal vez no la había visto con tanta intensidad como hasta ahora. Tauromaquia, ritos de la buena suerte o entrenamiento militar lobotomizante. Venta ilegal de mascotas, condiciones paupérrimas e irresponsabilidad de los dueños. Ni qué decir del tráfico de vida silvestre que termina en trajes folclóricos, mascotas de “pedigree”, en circos de barrio o como vigorizante para chinos. Para que lo sepas, los depredadores de nuestros jaguares siguen libres.

Pero esto no es nada nuevo, desde la obtención de marfil hasta la manipulación genética de razas de perros, los seres humanos hemos seguido al pie de la letra ese librito que dice “Hagamos al hombre a nuestra imagen y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo (..)”.

Pregunta por qué se llama “bull dog”. Sí, eran usados para pelear con toros, por entretenimiento. Y por casa tampoco estamos lejos, la Yawar Fiesta hacía pelear un cóndor con un toro, también por rito. En fin, los ejemplos abundan. Al final, te das cuenta que, efectivamente existe una Ley 700 contra el maltrato animal, promulgada en 2015, pero como toda Ley, funciona muy bien en papel, pero en la práctica debería comenzar con educación desde el colegio. Qué tal una materia sobre convivencia sana con los animales.

En fin, hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida. Te deseo que algún día seas adoptado por uno.



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