Cochabamba, lunes 21 de enero de 2019
DIDASCALIA

La Manada

| Máster en Formación Docente e Innovación Educativa nestor.arinez@gmail.com | 10 ene 2019 | Ed. Imp.

Hay noticias que me provocan profundo dolor y tristeza, es el caso de la denominada Manada. Cuando la escuché por primera vez me sentí horrorizado, pero ahora haciendo seguimiento a lo que los medios publican me siento consternado. En primer lugar, por el hecho mismo, que supone una absoluta desviación moral (y me atrevería a sostener que también psicológica) de los agresores.

También por el estado físico y psicológico de la joven que hoy se siente absolutamente vulnerable cuando su mamá no la puede acompañar en su casa. Espero que se levante, que sienta el apoyo de millones de bolivianos, que rehaga su vida y alcance la felicidad, porque tiene mucha vida por delante para perseguir sus sueños.

Me siento sorprendido por los protagonistas, los victimarios y la víctima apenas bachilleres, un adolescente de 14 años de por medio, “amigos” de escuela, gente de la que no se podría desconfiar.

Consternado también por las declaraciones posteriores que se emitieron por los medios, como aquel despropósito que se mandó la mamá de uno de ellos, al intentar argumentar que no violaron a la joven; o la de uno de los involucrados gritando a la madre de la víctima que le agradezca porque él había salvado la vida de su hija. Reacciones prepotentes, soberbias, propias de quienes están acostumbrados a hacer lo que les viene en gana porque cuentan con el favor del poder del dinero y de las influencias.

Triste por la situación actual del proceso. La madre, en declaraciones a la prensa, sostuvo que la justicia en Bolivia es demasiado cara. Una madre contra todo un monstruo de corrupción denominado sistema judicial boliviano.

Preocupado por hacia dónde se dirige el proceso. Todo parece indicar que al final de la historia, la joven terminará siendo la culpable que deberá pagar daños y perjuicios al grupito de hijitos de papá y sus familias adineradas.

Esta situación me hace pensar en distintas aristas de reflexión referidas a valores con los que educamos a nuestros hijos. El valor de la amistad, por ejemplo. ¿En Bolivia quién es considerado como amigo? El valor del respeto que supone la defensa de la dignidad del otro en todo momento y la defensa de su integridad personal. ¿Reflexionamos alguna vez con nuestros hijos sobre estos valores? ¿Alguna vez hemos dialogado con ellos sobre la naturaleza inviolable de cada ser humano?

¿Conversamos con nuestros hijos acerca de la dignidad de cada ser humano (mujer y varón) y de cómo el sistema capitalista nos puede llevar a cosificar a las personas y a transformarlas en objeto de consumo y de descarte?

¿Hablamos con ellos acerca de los peligros de las drogas, del alcohol, del sexo fuera del matrimonio, aunque parezcan ideas pasadas de moda? ¿Les advertimos sobre los peligros de los locales nocturnos? ¿Hablamos de moral con nuestros hijos? ¿O la moral, en estos tiempos modernos es un discurso del pasado? ¿Les enseñamos a no ser parte de una manada, a tomar decisiones correctas, a mirar el futuro antes de decidir en el presente? Tal vez este hecho nos rete a remar contracorriente a ir en contra de cualquier tipo de manada moral o ideológica que pretenda violentarnos.

Desde este espacio manifiesto mi más profunda solidaridad con la familia de la joven.



Tags: Manada,La

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