Cochabamba, miércoles 20 de marzo de 2019
OJO DE  VIDRIO

El tiempo de las cosas pequeñas

| Escritor, abogado y “Cronista de la Ciudad” ramonrochamonroy@gmail.com | 08 ene 2019 | Ed. Imp.

A raíz de una investigación de Camilo Crespo sobre el entierro de Almaraz, en mayo de 1968, vi fotos de oraciones fúnebres de Marcelo, Chechi Nogales, Eduardo Ocampo y René Zavaleta, y comprendí el tamaño de la pérdida de este gran hombre, de quien no se puede ocultar su lucha por la defensa de los recursos naturales y su militancia en el nacionalismo revolucionario en momentos aciagos para el país, bajo el inicio de las dictaduras militares con el general Barrientos, que había convertido al Ejército de la patria “no en defensa propia de Bolivia… sino para el resguardo de esta parte del continente como otra sección del imperio norteamericano”, no solo en su equipamiento, sino en su doctrina militar, de Fort Gulick, pero también en la nube de asesores militares que llegó al país cuando la guerrilla del Che.

Sergio Almaraz Paz yacía extenuado por el tiempo de las cosas grandes, cuando tuvo que soportar la arremetida de la antipatria, que apoyaba al régimen militar. Las cosas grandes eran la lucha por las fundiciones y por la nacionalización de la Gulf, que se produjo 17 meses después de la muerte de Sergio. La Gulf, “una empresa que fue la peor enemiga que tuvo Almaraz viviente y cuyos yacimientos reconquistados son en efecto el símbolo material de su pensamiento, de sus trabajos y de sus difíciles días que transcurrieron en la edad de la derrota de la Revolución boliviana”, según René Zavaleta. Pero continuemos con él.

“Toda la derecha del país se lanzaba contra un cadáver que los vencía, entre otras razones porque había dicho ya lo necesario… Almaraz, que de algún modo fue una víctima de la noche barrientista de Bolivia… de aquel régimen culpable y brutal”. En ese orden hay que entender las palabras finales de la oración fúnebre de Zavaleta: “Porque Bolivia, que hoy no parece sino la patria de la Gulf, vuelva a ser un día la patria de Almaraz”.

Ese era el papel que el general había dado al Ejército de la patria: convertir al Ejército de Villarroel en una tropa de “boinas verdes”. “Se lo incorpora a un mecanismo extranjero, de tal suerte que en el mejor de los casos se convertirá en un aparato apto para defender una vaga alianza continental en la que Bolivia ha perdido siempre y ganado jamás, y no para defender los intereses de Bolivia en concreto”.

Esos eran los tiempos de las cosas grandes, de los grandes enemigos. ¿Qué nos ha pasado como república? ¿Es el tiempo de las cosas pequeñas? ¿El réquiem de ella en medio de una huelga de hambre solitaria y alineados a derecha e izquierda con la derecha?



Tags: pequeñas,cosas,tiempo,El

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