Cochabamba, martes 16 de julio de 2019
PUNTO BO

Mesa

| | 05 ene 2019 | Ed. Imp.

Trascendió hace unos días el informe de YPFB que solicita a sus empleados brindar sus perfiles en redes sociales para “mantener permanentemente informados a los trabajadores respecto a los objetivos, proyectos, nivel de ejecución de inversiones, logros alcanzados, actividades corporativas y noticias relevantes del sector petrolero”. Tan memorable que hasta usa la frase: “no pudiendo alegar que no se cuenta con las mismas”

No es una práctica nueva. De hecho, es un secreto a voces que en la mayoría de las instancias del Estado se ejecuta esta estrategia de amplificación de mensajes a través de un ejército de funcionarios “compartidores”. Al respecto, algunas personas me pidieron una asesoría sobre cómo lidiar con este tema. Tan simple como habilitar dos cuentas: una propia para asuntos personales y otra para “asuntos oficiales”. Por lo que pienso si realmente es eficiente esta estrategia

Las redes sociales suelen iconografiarse a través de la imagen recurrente del altoparlante, como de quien necesita amplificar su mensaje a todo volumen, como un vendedor callejero anunciando su producto por la calle. Una mirada rápida a los perfiles oficiales (especialmente en Twitter) permite dar cuenta que el Estado entiende a las redes sociales como antenas repetidoras de una misma señal que emana desde lo alto, con “el uno” a la cima. No hay debate, no hay posibilidad de escuchar al otro, solo compartir, “likear” y “favear”

Personalmente, las redes sociales son como una mesa, un lugar de encuentro, un espacio digital para vernos al mismo nivel, de tú a tú. Una mesa donde te sientas a comer, a charlar, a beber y compartir lo que acontece en la vida cotidiana. Facebook tiene clara esta idea, y su spot “Sillas” ilustra de forma maravillosa este concepto. Búscalo en Youtube como “facebook chairs” y verás el sentido final: sentarse alrededor de una mesa

No se trata del medio, sino del mensaje. No se trata de la cantidad de Likes sino de cuán relevante es el contenido para el público. Qué interesante sería contratar un servicio de auditoría publicitaria que pueda medir el nivel de recordación de los spots televisivos, insertos en periódicos o los anuncios en Facebook para saber cuán eficientes son. No importa la cantidad de presupuesto para propaganda si el mensaje sigue siendo el mismo. Hay un agotamiento convertido en silencio cómplice. Después de 13 años es hora de cambiar de discurso y dejar de mostrarnos el antes/ahora y el ellos/nosotros. Está claro que Bolivia debe asumir desafíos importantes desde adentro y las redes sociales deben ser ese espacio para construir país, especialmente, desde los jóvenes. Escuchar antes que replicar.



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