Cochabamba, miércoles 23 de enero de 2019
LA ZALTEÑA

Inocentes, nos siguen mintiendo

| | 05 ene 2019 | Ed. Imp.

Comienza un nuevo año y pasando por la plaza 24 de Septiembre, en Santa Cruz, a los pies de la pequeña escalinata de la catedral Mayor de San Lorenzo, constatábamos con mi esposa la ausencia de los huelguistas de hambre de los que dicen No.  
Hice el comentario: ¡Ya no están los de la huelga de hambre!
Ella me responde, con una enorme carcajada y un fuerte tono irónico, y me dice: ¡Los “pelao” estaban bien atendidos! Lo decía con voz de quien da testimonio ante un cura, y nos sentamos en las gradas negras, testigo mudo de la historia cruceña, y seguía ella dando su testimonio como queriendo que toda Bolivia lo supiera, que cuando llegaba al trabajo por las mañanas, temprano, veía cómo recogían las bolsas del manjar de la noche anterior, antes de que comience el trajín del pueblo que de a pie pasa todos los días frente a la catedral.
Así no es algo honesto, no es una lucha sincera, es pura pantalla, puro show para la televisión. Sí, eso es lo que permite la democracia en la que vivimos, todos pueden manifestar lo que piensan, sin restricción alguna. Le pregunté dónde estaba el año 1977, para las fiestas de fin de año. Ella me dijo: ¡Ni había nacido aún! Muchos de los pelao menores de 35 o 40 años no conocieron el periodo del dictador más sangriento de nuestra historia (Hugo Banzer Suárez), líder de los mismos que hoy por hoy fingen hacer huelgas de hambre y reclamar libertades. Entonces, busqué un texto para ilustrar la historia que le contaba y lo encontré: “Fue así que el miércoles 28 de diciembre de 1977, Luzmila de Pimentel, Nelly de Paniagua, Aurora de Lora y Angélica de Flores, esposas de dirigentes sindicales mineros, y sus 14 hijos tomaron las oficinas del segundo piso del Arzobispado católico de La Paz y se declararon en huelga de hambre. Un día después, los niños abandonaron la extrema medida y fueron reemplazados por los sacerdotes Luis Espinal y Xavier Albó, el obispo metodista Pastor Montero y Domitila Chungara”

Este texto de José Jove reflejaba la lucha auténtica por la democracia, de mujeres valientes y sacerdotes audaces que se jugaban la vida por los demás, por un pueblo que se niega a vivir de rodillas ante el yugo extranjero, ante el entreguismo de los partidos de derecha, que hoy están disfrazados de plataformas, en especial del símbolo de la calumnia y la mentira, el 21F.



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