Cochabamba, sábado 23 de marzo de 2019
Mis circunstancias

Realidad cotidiana asfixiante

| Periodista deportivo moisesrevollo@yahoo.es | 03 ene 2019 | Ed. Imp.

En el tercer día del flamante calendario 2019, apreciando las múltiples emociones, abrazando a familiares y amigos muy cercanos, mandando y recibiendo mensajes, deseándoles que este año sea igual o mejor que el anterior, paulatinamente volvemos a percibir parte de nuestra realidad cotidiana asfixiante.

¿Qué habrá sido de aquella Dirección de Tránsito, muy cercana a la ciudadanía, con destacados jefes policiales, como el coronel Wílder Pacheco Aguirre?

Hoy, ni la sombra de esa gestión. Es muy difícil, casi imposible encontrar efectivos de Tránsito donde más se los necesita, siendo reemplazados, intermitentemente, por funcionarios eventuales de la Alcaldía, que no tienen ni la formación ni la estabilidad laboral como para frenar el caos vehicular.

La tarea de unos y otros, ahora se circunscribe a multar infractores, inclusive recurriendo a trampas y artimañas, causando la molestia y censura ciudadana.

Autoridad para hacer cumplir reglamentos de tránsito y viabilidad, prácticamente no existe en Cochabamba, donde los que conducen transporte público, pero también privados, compiten todos los días transgrediendo las normas.

No todos, pero hombres y mujeres, tocan bocina a rabiar, pisan las líneas de cebra, ignoran los colores de los semáforos, hablan y hasta chatean por celulares, a vista y paciencia de los que sí quisiéramos vivir en una ciudad normal.

Ni el Concejo Municipal, de adorno

-ni nadie- regulariza el parqueo en el centro de la ciudad, donde patéticamente debemos buscar a los boleteros, para pagar por estacionar. Parece que la persona se ocultara, porque el verdadero negocio –no sabemos de quién- es el engrapado del vehículo.

Ni la justicia divina evita pagar la respectiva multa, porque los limitados funcionarios, por instrucciones superiores, no escuchan explicaciones y mucho menos un reclamo.

La peor desgracia es caer en manos de los infames grueros, porque aparte de maltratar el coche, imponen multas elevadas, o las rebajan, como una gran concesión, con la condición de no otorgar recibo o factura.

Ante semejante indefensión, solo queda abandonar la comodidad, ser previsor, evitando caer en la red delictuosa, cuyo símbolo es una grúa privada insensible, unas veces de la Alcaldía y otras, del casi ausente Tránsito.



Tags: asfixiante,cotidiana,Realidad

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