Cochabamba, lunes 21 de enero de 2019

Un campeón de América “perdido en Europa”

El River de Gallardo le ganó la pulseada a Boca (3-1) y se quedó con una Libertadores que se jugó en el Bernabéu español. En medio, el escándalo.
| | 27 dic 2018 | Ed. Imp.

EL PLANTEL COMPLETO DE RIVER PLATE, EL CAMPEÓN DE LA LIBERTADORES 2018, CON EL TROFEO QUE ACREDITA SU CUARTA CORONA.



El planteo parecería no dable en el imaginario colectivo, ni por asomo. Sin embargo, la Conmebol, la “madre” del fútbol sudamericano, la que debe velar por los derechos del balompié continental, pasó por encima de los paradigmas e hizo posible que la gran final de la Libertadores 2018, entre River y Boca, se llevara a cabo en Europa. Así fue y lo sabe el mundo.

¿El campeón de América, con la “atmósfera” un tanto viciada por los elementos extradeportivos? El River Plate de Marcelo el Muñeco Gallardo, que le dejó una marca de dolor muy grande al Xeneize, en ese entonces, conducido por el mellizo Guillermo Barros Schelotto (rompió su vínculo tras la debacle).

Se cansaron los medios de comunicación de colgarle motes (no muy buenos) al duelo “épico”, no solo porque se trató de uno de los superclásicos más apasionantes de Sudamérica, sino porque se tuvo que disputar en suelo español. El gobierno argentino no ofrecía las condiciones de seguridad necesarias. Ello se evidenció el sábado 24 de noviembre, cuando el micro de Boca fue apedreado mientras se acercaba al estadio del Millo. No habían vallas ni efectivos del orden suficientes. Caso atípico. El capitán xeneize, Pablo Pérez, fue el más afectado por el gas lacrimógeno que dispersó la Policía y que ingresó al bus.

En el interín, el juego fue pospuesto para el domingo 25. Esto, luego de que los presidentes de ambos clubes firmaran un “pacto de caballeros” que posteriormente incumpliría Daniel Angelici. El mandamás de Boca pediría los puntos por escritorio, lo que sería tomado como una “traición” por su par Rodolfo D’Onofrio.

El Tribunal Disciplinario de la Conmebol resolvería quitarle la localía a River, además de una multa de 400 mil dólares. El choque se llevaría a cabo en el Bernabéu, con público de ambos equipos y de España.

El establecimiento de Núñez se rehusó, inicialmente, a competir fuera de sus dominios, pero ya estaba todo dicho: el lance iba. Asumida la determinación, la hinchada de La Banda masticaba bronca, al igual que Gallardo, quien pocos días antes del cotejo del 9 de diciembre rompía el silencio y mandaba un mensaje alentador: “Vamos a defender a los hinchas en la cancha. Somos los únicos que podemos hacerlo”.

El Millonario levantó su cuarto trofeo en la competición dentro de la Casa Blanca tras el 3-1 del 9 de diciembre (conocido como 9D para la posteridad). Se vio privado de festejar el momento glorioso en el Monumental y con su gente. En la ida, del 11 de noviembre en la Bombonera, el equipo de Napoléon empató 2-2.

Fue, quizás, la gesta más grande en la historia de River y, sin dudas, la que consagró a Gallardo como el DT más querido por los riverplatenses. El de Merlo conquistó, así, su segunda Libertadores (la primera la logró en 2015). No pudo, el club, repetir el éxito en el Mundial de Clubes. Fue eliminado en los penales por el Al Ain emiratí (5-4).



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