Cochabamba, lunes 12 de noviembre de 2018

“Adiós”

| Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano marcelo@bithumano.com | 03 nov 2018 | Ed. Imp.

La introducción. Estuve hace unos minutos en una reunión donde un funcionario público hizo una presentación sobre el nuevo Plan de Empleo del Ministerio de Desarrollo. En esencia, ofrece que las empresas contraten o formalicen a su personal, permitiendo que el Estado cubra la carga social de los empleados (AFP, primas, seguros, etc). Las cifras se veían bastante bien, hasta que el gerente de la empresa hizo la pregunta de rigor: “¿Y no tienen un plan que disminuya la presión fiscal?”. “Estamos bastante asfixiados y esto es solo un placebo”. A continuación, silencio incómodo pero certero. La pregunta representa el sentir de muchas personas y organizaciones.

A saber. La presión fiscal es un término económico que se refiere al porcentaje de los ingresos que los particulares y empresas aportan efectivamente al Estado en concepto de tributos en relación al Producto Interno Bruto. De ese modo, la presión tributaria de un país es el porcentaje del PIB recaudado por el Estado por impuestos, tasas y otros tributos.

Adivina qué país tiene una mayor presión tributaria de la región. Y aunque el SIN diga lo contrario, es un oxímoron y hasta sentido negro del humor que su sistema se llame “Facilito”.

El desglose. A diario enfrento a toda una nueva generación en las aulas, ávida de conocimiento y llena de ganas de crear, innovar y emprender que busca salir al mercado laboral, especialmente, desde la opción del autoempleo. Por supuesto, los consejos respectivos sobre la formalización (abrir un NIT, Fundempresa) para poder operar a nivel institucional y contratos de por medio. Pero la moneda tiene dos caras, y la cara de la que nadie habla es aquella que te dice lo siguiente: ¿eres independiente? Presenta el triple de papeles que un empleado fijo, quien con solo sus boletas de pago puede acceder a un crédito. Caso contrario, vivirás el Viacrucis del Papel, entre trámites (que son personales), documentos, firmas y sellos por doquier.

Por lo mismo, seré muy honesto con ustedes. El país no los necesita, no quiere sus ideas, no quiere innovar ni en transporte ni en energía, mucho menos en tecnología. No quiere promover e incentivar modelos productivos a escala. Guarden todas sus ideas y energía, porque solo quiere su dinero como contribuyentes. De muestra un botón: el presidente Morales acaba de promulgar la ampliación del capital del Régimen Simplificado de 37.000 a 60.000 bolivianos.

En conclusión. Abre tu cuenta en este régimen. No des facturas. Únete a un sindicato. Dedícate al comercio informal. Disfruta de los beneficios de quienes sí pagan impuestos.

Gracias por todo. Adiós formalidad.



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