Cochabamba, lunes 12 de noviembre de 2018
CONSTRUIR COMUNIDAD

A su ritmo y a su tiempo

|  Asistente de Mercado Marketing UCB-SP calderonp@ucbcba.edu.bo | 02 nov 2018 | Ed. Imp.

En la vida es necesario examinar el lente a través del cual vemos el mundo y ser conscientes que ese lente da forma a nuestra percepción de este mundo.

Como padres siempre estamos preocupados sobre el bienestar de nuestros hijos. Nos esforzamos de sobremanera para ser capaces de otorgarles diferentes herramientas de vida. Pero, en el fondo, también queremos que respondan a nuestras expectativas y estándares de éxito, adecuándolos a un molde socialmente aceptable, sin ver más allá de lo que realmente son y lo que realmente quieren.

Como ejemplo, contaré la historia de una familia, la cual podría ser la tuya, la mía o la de cualquiera, en la que uno de los tantos hijos que tenían no cumplía con las expectativas de los padres. Era un niño problemático, por así decirlo, que no tenía un buen rendimiento en el colegio, no sobresalía en ningún deporte y tampoco le iba bien con los amigos, en resumen no cumplía con ciertos parámetros sociales de éxito.

Los padres, preocupados por este hijo, veían modos de incentivarlo, con frases positivas, felicitándolo por cualquier logro que obtenía pero, a su vez, lo protegían de cualquier caída o crítica. Aplicaban todo consejo que recibían para motivarlo, pero nada de esto funcionaba. La situación solo cambió después de que los padres se dieran cuenta que el problema no residía totalmente en su hijo, y que ellos eran parte del mismo. Fue así que se cuestionaron lo que hacían, de su labor como padres, y de cómo realmente veían al niño.

Se dieron cuenta que lo veían como un niño débil incapaz de triunfar, con alguna inadecuación básica, que no se parecía a sus hermanos, que no confiaban en él y que consideraban la necesidad de protegerlo. Aunque le decían “tú puedes lograrlo” en el fondo le daban el mensaje “tú no puedes, es mejor que te ayudemos, alguien debe protegerte”.

Los padres comprendieron que si querían cambiar la situación, primero debían cambiarse a ellos mismos, cambiar la percepción sobre su hijo. Entendieron que en realidad el niño no cumplía con las expectativas que se habían planteado como padres y que, pese a los esfuerzos de motivación que le daban, indirectamente mostraban un amor condicionado, ciego a los propios méritos de su hijo. Decidieron así centrar sus esfuerzos en ellos mismos, no en sus técnicas, sino en sus motivaciones más profundas.

Concentraron todos sus sentidos en percibir la identidad del niño, su individualidad, su valor personal, su singularidad. De esta manera, descubrieron capas y capas de potencial que darían fruto a su ritmo y a su tiempo. Dejaron que la personalidad de su hijo emergiera. Aprendieron que como padres su rol es el de guiar, afirmar, disfrutar y valorar a los hijos, y no de juzgarlos y compararlos. Dejaron atrás la idea que su hijo sea un duplicado de su imagen o medirlo en relación con ciertas expectativas sociales.

Creyeron y confiaron en su hijo, que este era capaz de enfrentar la vida con éxito, y que era lo suficientemente fuerte a su manera. Fue así que el niño maduró y creció a su ritmo, obteniendo distintos logros. Y lo más sobresaliente de toda esta anécdota es que se dieron cuenta que estos logros del niño eran, más que una respuesta a las recompensas sociales, una expresión accesoria de los sentimientos que él experimentaba respecto de sí mismo.



Tags: tiempo,ritmo,A

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