Cochabamba, lunes 12 de noviembre de 2018
MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

Antropología de la muerte

|  Antropóloga y docente universitaria maia_te@hotmail.com | 30 oct 2018 | Ed. Imp.

El ser humano permanentemente vive situaciones de desafío frente a la muerte, ya sea de un ser muy cercano, de un amigo o finalmente de uno mismo. Para las diversas culturas el tema de la muerte puede ser considerado como algo natural al asumir sin sufrimiento este hecho, o quizás un evento doloroso. Es muy complicado hablar de la muerte porque puede ser un tema religioso, cultural o social, en diferentes dimensiones, pues este suceso se lo refuerza en el pensamiento simbólico, recreándolo a través del ritual, ya sea para que el difunto esté considerado un ícono o definitivamente destinarlo al olvido.

Para la antropología, el entender qué es lo que hace el hombre en su vida, es también entender el proceso de su muerte, es así que el estudio antropológico de la muerte se inicia en las llamadas sociedades primitivas, haciendo énfasis en la relación con el alma. Actualmente, en la modernidad se la estudia como un elemento transformador observándola desde el plano de la memoria y el olvido.

Nuestras culturas tradicionales tanto las andinas como de tierras bajas tienen una forma muy particular de relacionarse con la muerte. Xavier Albo señala: “En las comunidades andinas quien fallece no deja de ser parte de la comunidad ni de la familia”. En ese entendido la muerte es un rito de paso, a partir del cual el difunto es considerado un ser poderoso.

Para los andinos, la celebración de difuntos forma parte de la ritualidad del ciclo agrario; toda la familia se reúne semanas antes y espera a las almas el primero de noviembre a mediodía para despedirlas al día siguiente, también a mediodía. Curiosamente, en algunas comunidades del altiplano creen que las almas nos acompañan toda la época de lluvia, pues según la cosmovisión andina, son las almas que traen la lluvia y ayudan a la germinación y maduración de las semillas; entonces la muerte inicia la vida, ya que desciende al seno de la madre tierra. De esta forma, los ancestros siempre están presentes.

En noviembre, la tradición andina prevalece con el armado ritual del mast’aku, en el que la familia se reúne en la casa para rezar, compartiendo comida y masitas con el alma y los visitantes. Otros visitan la tumba y comparten comida.

En tierras bajas, no se producen ritos mortuorios; sin embargo, la cultura guaraní durante la celebración ritual del Arete Guasu, en carnaval, espera a los espíritus de los antepasados para compartir alegrías. Es en este espacio en el que las Añas o espíritus llegan, saludan y cuentan sus experiencias durante el viaje, ellos vienen enmascarados para comprobar si la comunidad es leal a los principios que les dejaron. Al culminar la fiesta, retornan donde moran los antepasados.

Esta celebración, que se inicia con la cosecha del primer maíz, es rica en dramatizaciones y simbolismo, momento en que se recrea la cultura guaraní.

Por consiguiente, los encuentros y desencuentros entre la vida y la muerte, nos muestra que cada cultura tiene formas de expresar su alegría o dolor. Lo cierto es que el rito es la condición del sentido social, de encontrar sentido a la vida y/o muerte, desde varias perspectivas. Así, en momentos de armonía con la muerte, tenemos la posibilidad de no sentirnos solos en esta sociedad consumista y secularizada.



Tags: muerte,Antropología

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