Cochabamba, jueves 15 de noviembre de 2018
Acaba de publicar su primer libro

Vence el cáncer para cuidar niños y escribir

Silvia Daza de Rodríguez radica en Virginia, EEUU. Administra una guardería con mucha responsabilidad.
| | 22 oct 2018 | Ed. Imp.

SILVIA DAZA DE RODRÍGUEZ Y SU ESPOSO JORGE, EN VIRGINIA, EEUU. FACEBOOK



Silvia Daza de Rodríguez nació en Cochabamba el 23 de noviembre de 1958; fue educada por tradición familiar en La Paz, en el colegio Inglés Católico; madre de cuatro hijos. Secretaria ejecutiva egresada del Lincoln Institute de La Paz, ciudad donde estudió en Cenaco e IDEA egresando analista y programadora de computadoras. Se desempeña como proveedora de cuidado infantil. Vive en Virginia, EEUU.

Desde 1986 trabajó en el Lloyd Aéreo Boliviano, 10 años en La Paz y otros 10 en Cochabamba. En 2000 sus amistades le “calentaron las orejas” diciéndole a su esposo que, siendo un hombre tan hábil e inteligente, podría conseguir un buen trabajo fuera de Bolivia. Para ese tiempo él ya había recibido una oferta para ir a trabajar a Canadá, pero no estaba muy convencido. Le decían que en cinco años él podría hacer un buen capital y retornar con el dinero suficiente para hacer realidad su sueño: construir un edificio de cuatro pisos. Teniendo cuatro hijos y deseando darles la mejor educación posible, decidieron hacer el intento.

En noviembre del 2000 partieron de vacaciones a Virginia, contando con la bendición y apoyo de sus padres, quienes se quedaron con sus cuatro hijos, Julia, su querida nana y su hija Drina.

¿Por qué se fue? Porque quería que sus hijos crecieran con papá y mamá. Quería un hogar, pero vivir en EEUU con los ingresos de una sola persona no era tan fácil como lo vio, así que tuvo que dejar a sus hijos solos mientras trabajaba en una agencia de viajes. Después trabajó como secretaria en la iglesia a la que asistían, rechazando dos ofertas, una en otra agencia de viajes y la otra en una línea aérea.

UNA ESTADÍA CON SOBRESALTOS En 2010 su hija mayor y ella deseaban retornar a Bolivia. Extrañaban los sabores, el clima y a los abuelos, pero, según Silvia, Dios tenía otros planes. Fue al médico por un dolor de cabeza, y le preguntó lo mismo que había preguntado a su médico en Bolivia, antes de partir. Mi hijita menor ya tiene 10 años ¿Por qué sigo teniendo leche? Mi doctora me miró extrañada ¿Hace cuánto tiempo ocurre esto? Le respondí: “Desde mi primer hijo. Desde el 83 no ha parado, siempre me sale por lo menos una gotita”. Le mandó inmediatamente a mamografía e hicieron análisis de la supuesta leche, lo que su médico boliviano describió como “Prolactina” que, según él, su cuerpo producía porque no había amamantado a su primer hijo y su cuerpo deseaba hacerlo.

Cáncer”, le dijeron luego de los análisis, luego vino la operación, quimioterapia, radioterapia y píldoras por cinco años, durante los cuales debería esperar que no se reprodujera en otro órgano porque eso significaba la muerte por este mal. Se tuvo que quedar para el tratamiento, mientras su hija partió sola a una vida diferente de la que había tenido en EEUU.

Su esposo escuchó la palabra “cáncer” y empezó a sentir un dolor de cabeza muy fuerte. Más fuerte que los que acostumbraba a tener. Fueron a uno de sus controles y aprovecharon para que vieran a Jorge. Le dieron un calmante fuerte y al día siguiente, como ella no podía exponerse a virus ni bacterias pues había empezado la quimioterapia, se fue solo a la iglesia. Jorge era el ingeniero de sonido. Le llamó para contarle que se sentía peor y que estaba yendo al hospital. A la media hora le llamó para decirle: “No te asustes. El médico dice que es un stroke. ”Mi celular tradujo la palabra “stroke = derrame cerebral”.

Durante el tiempo de su operación y tratamiento, algunos amigos le visitaron y le hicieron sentir muy bien; pero cuando Jorge, su esposo, estuvo hospitalizado, vio la mano de Dios mostrándole su amor. Muchísimas personas de la iglesia, los pastores y amigos le visitaron, le trajeron flores y globitos, les trajeron desde alimentos hasta provisiones. Nada les faltó durante ese tiempo sin trabajar. Su esposo le dijo que estaba preguntándole a Dios si realmente alguien lo quería, y ese tiempo pudo saborear el verdadero amor del Salvador. Su jefe decidió prescindir de sus servicios y sus pastores decidieron que estaba “demasiado calificada” para un puesto de trabajo tan sencillo, siendo además que la preocupación de atender a sus hijos no le permitía hacer horas extras como ellos necesitaban. Cáncer y derrame cerebral en una sola familia suenan como dos malas palabras que uno nunca quisiera escuchar, peor aún cuando te dicen: “si te vuelve a dar, es para que te despidas de este planeta”. Sin trabajo ni fuerzas confiaron en ellos.

El 2010 fueron a uno de los controles para verificar la ausencia del famoso cáncer de seno. Le encontraron cáncer en uno de los riñones. Una vez más su fe fue por delante. Le operó “el mejor urólogo” de este país, un trabajo de más de 50 mil dólares que no hubieran podido pagar en años.

Una operación que pudo haberle dejado más marcas de las que ya tiene; fue realizada mediante una cámara diminuta, una computadora y cuatro pinzas colocadas dentro de su cuerpo por pequeñas incisiones realizadas en su estómago. Viven por fe, cuenta Silvia.

Su esposo le dijo: “Hace tiempo quería independizarme, pero no me animaba. Creo que Dios quiere que dé el gran paso”. Lo hizo y aunque existen tiempos en que pareciera que no va a llegar a su meta, de pronto algo se presenta y pueden cubrir todas sus obligaciones.

SU VIDA PROFESIONAL Una amiga, que vio su trabajo en la iglesia y con los niños, le sugirió abrir una guardería en casa. Un trámite un poco largo, trabajo para el que, como todo en ese país, tiene que ser precedido por cursos de primeros auxilios, resucitación cardiopulmonar y preparación en distintas materias para poder ofrecer una atención de calidad. Pasó cursos desde cambiar pañales hasta nuevos juegos pedagógicos para incentivar el aprendizaje de lectura y escritura. Todo lo que no había hecho en su país por sus hijos, tenía que hacerlo en ese país, por niños ajenos a los que uno llega a amar, pero con la seguridad que cuando crezcan, serán arrancados de sus brazos para emprender una vida diferente al lado de sus padres. Se puso a pensar que realmente no saben lo que sus hijos pasan en las guarderías en Bolivia.

Asimismo, le gusta escribir cartas y otros textos, y publicó su primer libro de poemas y cuentos, “Elemental” , que tuvo más acogida en EEUU que en Bolivia, donde, por falta de promoción y distribución, una gran cantidad de libros se mantienen en el sótano de la casa de sus papás, esperando que llegue el día en que puedan ser distribuidos.

Gracias a su libro y a su participación en las redes sociales, donde tiene el blog “Me muero si no escribo” y su página en Facebook, se ha llegado a conectar con un número de escritores y escritoras con los que intercambia opiniones; y poco a poco fueron leyendo sus “cuentitos”, dándole opiniones y pistas; finalmente recibió la invitación para participar en la Antología de Escritoras Cochabambinas con algunas de sus letras; y esto le impulsó a llevar adelante otros proyectos que tenía postergados. “Espero, para noviembre a más tardar, poder ver salir a la luz mi segundo libro de cuentos: “De amores torcidos y otras vainas”.

1er 

Libro de cuentos y poemas se llama “Elemental”

Recibió la invitación para participar de Antología de Escritoras Cochabambinas.

Muy pronto publicará su segundo libro de cuentos, “De amores torcidos y otras vainas”.



Tags: escribir,niños,cuidar,cáncer,Vence

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