Cochabamba, lunes 19 de noviembre de 2018
LÁPIZ Y ALMA

Lo que marca la diferencia

|  Abogado y docente jlmi1967@hotmail.com | 12 sep 2018 | Ed. Imp.

A las 14:30 horas del sábado 8 de septiembre, y en circunstancias en que dejé a mis hijas en su colegio para que practiquen en la banda de guerra, justamente para el concurso de bandas que año tras año se realiza por el aniversario de nuestra amada Llajta, me percaté de que ya me había pasado en el kilometraje para el cambio de aceite de mi vehículo y me dirigí hasta el local El Garabato, lugar de encuentro de todo universitario para festejar o lamentar un examen.

Este local se encuentra en la avenida Guillermo Urquidi y calle Benjamín Blanco. De ahí me fui a la izquierda, sobre la Benjamín Blanco. En toda esa cuadra, hasta la 9 de Abril, existen lugares en los cuales cambian aceite y lavan autos. Seguramente ustedes, en alguna oportunidad, utilizaron este servicio.

En el momento en que pasaba por el lugar, varios jovencitos me ofrecían, gritando, uno u otro servicio y decidí parquear el vehículo donde el de menor edad, porque siempre elijo al más joven o al más anciano, a fin de que gane algo de dinero. El anciano utiliza esos recursos para su familia o para sus medicamentos y el jovencito seguramente para sus estudios, ¡pienso así!

A esa hora, 15:00, más o menos, hace un calorcito insoportable. Me fui a parar a un lugar para cubrirme del sol y cuando levanté la mirada, se acercaba un muchacho con una silla de plástico del color de mi preferencia, rojo. Me cayó muy bien y me dijo: Siéntese, por favor. Agarré la silla y me senté. Al poco rato, nuevamente vi venir al mismo muchacho con una mini y me alcanzó. Estaba exquisita de fría, pero mi persona salía de un resfrío, tuve que abrazar la botella con las dos manos para calentarla un poquito y, posteriormente, consumirla.

En el momento en que se iba el muchacho, se acercó otro adolescente, con una mochilita negra, y me saludó muy atentamente, y con palabras muy elocuentes me ofreció unos libros de valores y otro de jugo-terapia con frutas y verduras. En su alocución me dijo que era un muchacho que se dedicaba a ese negocio para costear sus estudios. Me convenció y adquirí un ejemplar de ese libro.

En el ínterin de darme el cambio, hojeé el libro y justo se situó en la figura de un musculoso. El vendedor me dijo: Usted también puede tener ese cuerpo consumiendo verduras y frutas. Yo le respondí que yo ya era maduro, que eso era para los jóvenes, y me respondió nuevamente que me daría unos tips para aumentar la masa muscular.

El joven comenzó a mencionar que debía empezar una rutina de ejercicios, consumir proteínas, hidratos, grasas saludables o insaturadas, beber agua, ingerir varias comidas al día y, obviamente, descansar. Al parecer leyó en inextenso el libro.

Y ahora, ustedes estimados lectores de mi columna me dirán por qué escribo esto, si en realidad no es algo relevante o coyuntural, pero les aseguro que con la actitud de los dos muchachitos, y haciendo un análisis de la situación que viví el día sábado, puedo asegurarles que lo que marca la diferencia es la actitud. Cómo muchachitos de tan corta edad, un día sábado, cuando ellos podrían estar paseando, en una heladería, en el cine o por último durmiendo, dedican su tiempo a trabajar. Seguramente cuando sean mayores estos muchachos serán hombres de bien, porque su dedicación, responsabilidad y trabajo marcarán la diferencia para siempre.



Tags: diferencia,marca,Lo

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