Cochabamba, lunes 19 de noviembre de 2018
DIOS ES REDONDO

Hagamos fútbol, no la guerra

| Periodista @EspinozaSanti | 09 sep 2018 | Ed. Imp.

Fue uno de los episodios más agridulces del Mundial de Rusia. El 27 de junio, la selección de Corea del Sur despachó del torneo al entonces campeón, Alemania, tras anotarle dos épicos goles en minutos de adición. Fue algo histórico: por primera vez, los tetracampeones se despedían de un Mundial en fase de grupos. Su desclasificación sorprendió al planeta futbolero entero, remeció las estructuras futbolísticas de Alemania, alegró a todas las víctimas balompédicas de los germanos (entre ellas, Bolivia) y, cómo no, emocionó hasta las lágrimas a los coreanos. Primero los vimos explotar de euforia y, luego, los contemplamos moqueando sin consuelo. Pero, su llanto no era por la eliminación del rival, sino por la propia. Cuando los asiáticos finalizaron el partido, creían que, en el otro lance simultáneo de su grupo (F), México le había ganado a Suecia, lo que les permitiría pasar a octavos con los aztecas. No fue el caso. Al enterarse de que los mexicanos cayeron goleados, comprendieron que quedaban fuera del torneo, al igual que los alemanes.

Uno de los que más lloró ese día fue Heung-Min Son, autor del segundo gol a los teutones y, a la sazón, la estrella mayor del equipo surcoreano. Su llanto tenía una razón adicional, para nada menor: la desclasificación en fase de grupos lo abismaba al servicio militar, una obligación que, en su país, suele durar entre 21 y 36 meses. La severidad de esa norma se explica por el clima de tensión permanente entre las dos coreas. Una de las pocas cosas que salva a los futbolistas de cumplirla es pasar a octavos de final de un Mundial o ganar los Juegos Asiáticos. Para un jugador de 26 años, el cuartel de siquiera dos años podría suponer el fin de su carrera, más aún para alguien como Son, que milita en el Tottenham inglés, un club de alta competición del que no podría excusarse por ese lapso así sin más.

Como fuere, el infortunio de Sonny - uno de sus motes- pasó casi desapercibido frente al derrape alemán. Solo volvimos a tener noticias suyas el 1 de septiembre. Fotos de él a moco tendido volvieron a dar vueltas alrededor del mundo. Pero, a diferencia del 27 de junio, ese día lloraba de felicidad. Con él comandando a su seleccionado, Corea del Sur le acababa de ganar a Japón por 2-1, en la final de los Juegos Asiáticos. Sonaldo -como lo rebautizaron- se salvó del servicio militar y renovó su contrato con el Tottenham hasta 2023. El surcoreano peleó su personal “guerra del fútbol” contra la milicia y ganó. Cómo no llorar ante tamaña victoria.



Tags: guerra,fútbol,,Hagamos

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