Cochabamba, sábado 17 de noviembre de 2018
Desde Afuera

Se busca un acuerdo para proteger la alta mar, la mitad del planeta

| | 09 sep 2018 | Ed. Imp.

Desde el mar Báltico hasta el sur del Pacífico, el océano es el telón de fondo de numerosos relatos épicos de valor y conflicto. Tras grandes esfuerzos, esta semana arrancó en Nueva York una singladura muy distinta, con el lanzamiento de las negociaciones para un nuevo tratado sobre la alta mar.

Puede que no parezca especialmente emocionante, pero esta iniciativa, por sí sola, nos va a brindar nuevas posibilidades de proteger y gestionar áreas de la alta mar, que constituye la mitad de nuestro planeta. Se trata de una oportunidad única en toda una generación para invertir el deterioro de la salud del océano, impulsar nuestra lucha contra el cambio climático y detener la dilapidación no regulada de los tesoros naturales que compartimos. Nos jugamos mucho, el plazo es corto y la ocasión no se volverá a presentar en lo que nos queda de vida.

Todo el mundo debería seguir muy de cerca esta historia del océano, porque podría marcar el punto de inflexión hacia un futuro más sostenible.

Culminar con éxito un tratado sólido y jurídicamente vinculante sobre la alta mar puede permitir que se extiendan los esfuerzos de gestión integral, aplicable y real a los dos tercios del océano que caen fuera de toda jurisdicción nacional, y que se encuentran actualmente a merced de múltiples amenazas de origen humano, desde la pesca industrial no controlada hasta el calentamiento y la acidificación causados por el cambio climático. Significará que todo el océano esté amparado por reglas integrales, actualizadas e inapelables, colmando así una antigua brecha que ha dejado a la alta mar desprotegida y a la legislación trasnochada frente a la rápida proliferación de tecnologías que nos permiten explotar los recursos marinos a miles de millas de la costa.

Una vez que el océano entero esté sujeto a la gestión y la protección holísticas que requiere, podremos abordar los retos que le afectan en su totalidad, tales como la sobrepesca y la contaminación por plásticos, que no entienden de fronteras.

El plazo para lograr un acuerdo es 2020. Puede parecer ajustado, por tratarse de una gran negociación multilateral, pero este cronograma no es arbitrario. El mundo ya se ha comprometido a cumplir los objetivos de biodiversidad de Aichi y cuatro metas cruciales para el océano entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2020, lo que incluye asegurar la protección de un 10 por ciento del océano. Dichos objetivos son inseparables del nuevo tratado. Resulta imposible conseguir la conservación y el uso sostenible del océano, como promete el ODS 14, si su mayor parte queda fuera del alcance de la ley y de una gobernanza efectiva.

A lo largo de los próximos dos años van a celebrarse cuatro conferencias intergubernamentales para negociar y concluir el tratado, la primera esta semana en Nueva York. Se trata de una intensa recta final tras una travesía maratoniana que ha durado siglos; comenzó mucho antes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 y los cuatro tratados de 1958 que la precedieron.

Se remonta al principio de libertad de la alta mar expuesto por Hugo Grotius en su Mare Liberum de 1609. Acordar un tratado sobre la alta mar es la última frontera que queda por cruzar para llevar el derecho internacional a la era de la pesca de gran altura, la minería de los fondos submarinos y la excavación del lecho marino.

Tomado de la agencia EFE



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