Cochabamba, viernes 14 de diciembre de 2018
COLECTIVO TELARTES

Fragmentada formación artística

| Coordinador pedagógico del Centro Simón I. Patiño, parte del consejo de TELARTES estar.simplemente@gmail.com | 03 sep 2018 | Ed. Imp.

Siendo una innovación de lineamientos educativos recomendados por organismos internacionales, cuyo enfoque persigue estrechar la educación y el mundo del trabajo, la vigente ley educativa hace una apertura inusitada a la formación no acreditada obtenida a lo largo de la vida y, reconociéndola, establece el Sistema Plurinacional de Certificación de Competencias, dependiente del Viceministerio de Educación Alternativa y Especial. Para la acreditación se precisa de la confección de estándares ocupacionales que, siendo elaborados participativamente, establecen habilidades y conocimientos que tanto trabajadores como productores deben tener para desempeñarse en su ocupación. Su portal web señala que se han desarrollado procesos de certificación en 130 ocupaciones, correspondiendo alrededor de una veintena de estos a ocupaciones ligadas a las expresiones artísticas. Acreditadas estas ocupaciones, permitirían su transitabilidad hacia los niveles educativos superiores. Otro avance, aun sea legislativo, es el de jerarquizar la formación artística incorporándola al Subsistema de Educación Superior de Formación Profesional. La guía oficial de institutos técnicos y tecnológicos (2017) reporta que los centros de formación artística de carácter fiscal en el país se constituyen por dos escuelas bolivianas interculturales, 19 institutos de formación artística, 7 centros de capacitación artística y 1 instituto de educación integral y formación artística, el prestigiado “Eduardo Laredo”. A este mapa público se suman las carreras artísticas que dependen de las universidades públicas. Sin tener un registro de las entidades privadas que formalmente imparten la formación artística, su entramado se disuelve en una nebulosa y desarticulada oferta académica. La absoluta tuición de la gestión educativa a cargo del Ministerio de Educación imposibilita la permeabilidad de otras carteras que tengan algo que decir en este quehacer. El llamado sería el Ministerio de Culturas que debiera orientar sus esfuerzos para conectarse con el desarrollo curricular en los diferentes ámbitos y niveles educativos, pero sus tropiezos actuales no hacen más que marginarlo al extremo. Remozar la labor escolarizada es una tarea siempre pendiente. Los escasos aciertos estatales, aun en materia legislativa, podrían aprovecharse para, en este caso, tener un mapa completo de la oferta y demanda de la formación artística en el país y articular sus dispersos entramados curriculares, nutriéndose de las experiencias vitales que son fruto de ejemplares vidas dedicadas al permanente cultivo de las artes.



Tags: artística,formación,Fragmentada

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