Cochabamba, lunes 19 de noviembre de 2018
Desde Afuera

Nuevo mundo hotelero: coexistencia necesaria, pero con gran sabiduría

| | 03 sep 2018 | Ed. Imp.

Piense, si su edad se lo permite, cómo era pasear por el centro histórico de ciudades españolas como Madrid, Valencia o Málaga hace 30 años. Vuelva a la actualidad y alce la vista. Hoy resulta difícil no encontrar balcones salpicados de carteles que imploran civismo y anhelan descanso. La proliferación de los alojamientos turísticos en las zonas más antiguas de las urbes (muchos de ellos apartamentos ilegales) ha modificado, no solo nuestra forma de alojarnos sino de vivir y, sobre todo, de convivir.

En 2017, el turismo aportó 172.900 millones de euros al Producto Interno Bruto español. Una cifra contundente que permite dudar de sus bondades como motor, impulsor y revitalizador de la economía nacional.

Sí al turismo. No a la turistificación.

No todo vale. Porque el problema surge cuando hay una explosión de apartamentos insostenible. Cuando muchos de ellos son ilegales y la situación queda impune. Cuando no se regula como es debido. Porque las normativas para acabar con esta problemática existen, pero no se aplican.

Estamos ante una situación que sobrepasa el anticuado enfrentamiento entre el tipo de alojamientos: hoteles versus apartamentos. Los profesionales del sector hotelero, al menos hablo en mi nombre, defendemos que la coexistencia entre todos los tipos de alojamiento es necesaria, constructiva y positiva. Ahí entra en juego el factor de la competencia.

En Casual Hoteles lo sabemos bien y la diferenciación es una de nuestras fortalezas. No en vano, en Málaga vamos a abrir un establecimiento de apartamentos turísticos.

Así que no se trata de eso. La solución a este conflicto no pasa simplemente por el hecho de crear una regulación estricta a nivel nacional que restrinja de manera casi total este nuevo tipo de alojamiento. La legitimidad que tienen ambos modelos de existir hace que la vía más factible de solución pase por, no solo la regulación mediante leyes, sino mediante la convivencia y cooperación que permita crear un nexo común.

Poco a poco y casi sin darnos cuenta, o sin querer darnos cuenta, se está produciendo en los principales núcleos urbanos de nuestras ciudades un problema que nos debe sonar: la gentrificación. El alma de determinados barrios ha desaparecido.

Barrios como el de la Barceloneta son un claro ejemplo. Siendo considerado durante años como un barrio de clase obrera, en los últimos años la proliferación de los pisos turísticos ha provocado un boom en el precio del alquiler situando el metro cuadrado en la zona por encima de barrios como Pedralbes.

En Valencia, el Ayuntamiento ha presentado a los vecinos el Plan Especial de Protección en Ciutat Vella, uno de los distritos más afectados por este fenómeno. Se estima que más del 30 por ciento de las viviendas turísticas se concentra en esa zona, cuyo objetivo es blindar 2.250 edificios para evitar que acaben convertidos en apartamentos turísticos y la nueva construcción de bloques enteros de uso turístico.

La lucha traspasa lo tangible porque también pasa por poner coto a aquellas plataformas digitales que campan a sus anchas, dando cobertura no solo a alojamientos turísticos regulados, sino a la oferta no reglada.

Tomado de la agencia EFE



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