Cochabamba, martes 21 de agosto de 2018
UN POCO DE SAL

¿Qué fue del sueño de la Casa Grande?

| Misionera, vivió 20 años en Bolivia sagrariogoaz@gmail.com | 10 agos 2018 | Ed. Imp.

Me piden el día de San Ignacio, fiesta de mi pueblo, San Ignacio de Moxos, si puedo hacer una reflexión sobre cómo siento a Bolivia. Me animé en el momento por todo lo que la quiero y por todo lo que aprendí de ella. Soy consciente que llevo años fuera del país, y que mi información es a partir de la prensa, las redes sociales y las reflexiones de mis amistades.

Empiezo recordando la Marcha por la Dignidad, la Guerra del Agua, la Guerra del Gas y todos los acontecimientos que vivimos como pueblo. También quiero traer todo lo que vivimos desde la Comisión de Conflictos del Arzobispado de Cochabamba. Fueron momentos fuertes intentando releer lo que se vivía, escuchando a los líderes que iban surgiendo de los movimientos sociales: Evo, Óscar, Moisés, Filemón, entre otros. Algo que siempre aprendí de ellos era la posibilidad y urgencia de llegar a consensos, de escuchar todas las palabras y de dar valor a cada una de ellas.

La victoria aplastante de Evo y la Asamblea Constituyente fueron hitos, fueron la concreción de los sueños de tanta gente y, por supuesto, de los míos. Aposté y apostamos como Iglesia a ese proyecto inclusivo, donde cada uno de los diferentes pueblos de Bolivia tenía su espacio; se reconocían las diferentes cosmovisiones y se escribía con diferentes colores este país tan rico, desde su diversidad.

Después de tantos años vivo con pena cómo está el país. Los discursos sobre la Casa Grande, sobre la Madre Tierra han quedado solo para las grandes Cumbres, para las reuniones internacionales. Y lo digo porque la Madre Tierra está sufriendo cuando se construyen carreteras que hacen desaparecer la amazonía, cuando las grandes riquezas del país se están vendiendo a las multinacionales, cuando los pueblos indígenas se sienten invadidos y, sobre todo, cuando su palabra no es tenida en cuenta. Unos buenos gobernantes no se perpetúan en el poder; se presentan a elecciones y acatan el resultado.

La Casa Grande es para todos, es inclusiva, acepta al diferente, no lo amenaza, no le abre causas judiciales, no se puede vender.

Dice José Mújica: “La humanidad que yo sueño es la que cuando se da la palabra es un documento. Y cuando te doy la mano, es un contrato”. ¡Qué lejos siento que están los gobernantes de esas actitudes!



Tags: Grande?,Casa,sueño,fue,¿Qué

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