Cochabamba, martes 23 de octubre de 2018

Violencia filio-parental

| Académico de la Academia de Psicología de España editoriales@opinion.com.bo | 04 agos 2018 | Ed. Imp.

El vínculo entre padres e hijos, que tan natural nos parece, puede tomar un matiz radicalmente distinto cuando entra en juego la violencia filio-parental, fenómeno que en 2016 ha alcanzado la inquietante cifra de 4.355 casos en España; sin incluir los que se desconocen o no están contabilizados. Se trata de una problemática silenciada e incluso encubierta.

Ante la posibilidad de que hayan hijos que agreden a los padres, la reacción general sigue siendo de desconcierto, cuando no de rechazo o incluso de miedo. Este hecho que transgrede uno de los tabúes más sagrados de nuestra sociedad, entendida la familia como el refugio, la fuente de afectos y de apoyo materiales y psicológicos más potentes para la persona.

Aunque este fenómeno ha cobrado notoriedad en los últimos años, ni siquiera eso ha podido contrarrestar un tabú tan fuertemente arraigado en nuestra sociedad como el de los hijos que se atreven a imponerse a la autoridad de sus padres; y es que además de padecer la vejación, ridiculización y humillación de tu descendiente, la sociedad te culpa de ello.

Física, psicológica, verbal, material o económica, pero siempre dañina, tóxica, y en la que en el 65 por ciento de los casos el rol de agresor lo adopta un varón, el hijo. Y en el 100 por ciento de ellos la víctima es una mujer, la madre. Obviamente no nos encontramos ante violencia de género, pero si un hijo varón agrede a su madre a los 17 años, es posible que el día de mañana lo haga con su pareja. ¿Por qué no?

En la violencia ascendente, los agresores aprenden a controlar la conducta de sus padres a través del daño, y las víctimas que reciben ese daño aprenden a ser controladas para evitar males mayores, al menos a corto plazo. Al igual que la violencia filio-parental, la violencia de género es instrumental y ambas atesoran cifras escalofriantes.

No importa la profesión de los progenitores, la clase social, el nivel económico, la formación académica o si tienen más o menos hijos, ni siquiera si la familia es monoparental o no, si es reconstituida o si se trata de hijos de origen adoptivo, el desencadenante de esta violencia es complejo, subjetivo, no existen patrones homogéneos en las diversas familias que la padecen.

Una sociedad excesivamente permisiva, donde en aras de la libertad malentendida, que no quiere asumir responsabilidades, elude desde el ser padres y educadores el imponer normas y límites. Y no son pocos los padres que carecen de criterios educativos.

Se ha producido una pérdida de referentes de autoridad menoscabando la de los maestros, policías o ciudadanos cuando en defensa de la convivencia, reprenden a sus hijos.

«Aquí y ahora», esta es la exigencia infantil que ocasionalmente no encuentra confrontación, por lo que se cercena la necesaria aceptación de la frustración. Estamos educando para ser clientes y no ciudadanos.

El uso de una disciplina severa e inconsistente, el refuerzo de conductas inapropiadas en detrimento de aquellas positivas, o una deficitaria vinculación emocional entre padres e hijos, han sido considerados factores fundamentales para explicar la existencia de interacciones coercitivas en el seno de la familia.



Tags: filio-parental,Violencia

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