Cochabamba, martes 21 de agosto de 2018
DIDASCALIA

Por amor a la patria

|  Máster en Formación Docente e Innovación Educativa nestor.arinez@gmail.com | 02 agos 2018 | Ed. Imp.

Escucho en la radio al abogado de uno de los oficiales que se encuentra con detención preventiva debido a la denuncia de un joven premilitar. Sus aseveraciones me provocan indignación, puesto que justifica hasta el absurdo las acciones violentas de su defendido. Lógicamente no puede explicar cómo es que, en nombre de la defensa de la patria, se tenga que obligar a un adolescente a comer caca, tomar orín o incitarlo al suicidio, otorgándole un arma y pidiéndole que se encierre en un cuarto con ella. El abogado se siente orgulloso de haber realizado el servicio militar y de haber sido “jaripeado” por sus instructores. Me hubiera gustado preguntarle si hubiera comido excremento o si se hubiera dado un tiro ante las órdenes su instructor.

Este hecho, que se repite con frecuencia –me atrevería a decir que es una costumbre en los recintos militares-, nos demuestra fehacientemente que en los cuarteles se amedrenta, se abusa, se violan los derechos humanos y se cometen delitos de lesa humanidad. Basta recordar los casos de los subtenientes Poma y Espinal, en los que se comprobaron los abusos y la muerte por homicidio.

No está de más recordar que nuestra Constitución Política del Estado afirma, en su artículo 10, que “Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz (…)”. Convengo con quienes piensan que la formación militar es importante para la defensa externa de nuestro país, sin embargo, discrepo con que esta formación deba ser obligatoria para todos los ciudadanos bolivianos, por la simple razón de que no todos tienen las cualidades necesarias para esas tareas y la diversidad del talento humano de nuestros jóvenes supera con mucho la elemental instrucción militar que además les debe tomar un año de sus vidas.

Por otro lado, me pregunto ¿por qué en un país pacifista tenemos que obligar a todos los jóvenes a aprender a dañar al otro, amedrentar, causar violencia y hasta matar? ¿No es acaso, la obligatoriedad del servicio militar, contradictoria con un Estado que promueve la cultura de paz? Los noticiarios nos informan, diariamente, sobre feminicidios, infanticidios, violencia intrafamiliar y conflictos sociales que derivan en chicotazos y todo tipo de enfrentamientos. ¿Dónde hemos aprendido a ser tan violentos?

En muchos países se promueve el servicio civil que consiste en que aquellos profesionistas recién egresados, que no hayan pasado por el cuartel, puedan prestar sus servicios profesionales en instituciones estatales de manera gratuita por un lapso determinado de tiempo.

En nuestro país deberíamos generar una escuela cada vez más pacífica, donde se enseñe el diálogo, la capacidad de escucha, la resolución pacífica de los conflictos, el respeto a los derechos humanos, un civismo que esté de la mano con el servicio social, que esté atento a las necesidades de los más pobres para empoderarlos y no para someterlos.

Desde el Presidente, que obliga a las bandas militares a tocarle la diana bajo amenaza de arresto, hasta el último ciudadano de nuestra patria, tenemos que comenzar a tomar consciencia de nuestras acciones violentas para no caer en los mismos errores de los susodichos instructores militares, porque ¿a usted le gustaría que a su hijo le hagan comer caca por amor a la patria?



Tags: patria,amor,Por

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