Cochabamba, martes 17 de julio de 2018

El misterioso caso de los suplantadores de cuerpos

| ABC.ES / PEDRO GARGANTILLA | 02 jul 2018

DOS MUJERES EN UN CONCURSO DE GEMELOS - ARCHIVO. CORTESÍA DE ABC.ES

Cuando la imagen visual de una cara conocida llega a nuestro cerebro, el reconocimiento se produce en el lóbulo temporal. Desde aquí, y a través de unos haces neuronales, la información llega al sistema límbico, el centro de las emociones. Allí se procesa una emoción ligada a la cara: simpatía, odio, cariño, antipatía, indiferencia… Es precisamente esta sensación la que nos confirma que esa persona es la que es. Ahora bien, ¿podría un doble engañar a nuestro cerebro?
El comediógrafo latino Tito Maccio Plauto (254-184 a.c) desconocía absolutamente todo del sistema límbico cuando escribió su comedia “Anfitrión” en la que plantea la posibilidad de suplantar la identidad de una persona y engañar a una tercera. El dios Mercurio se hizo pasar por Sosia, el criado del general tebano Anfitrión, para ayudar a Júpiter a seducir a Alcmena, la esposa del general. En este caso Alcmena fue incapaz de descubrir el engaño y al final de la obra dará a luz dos niños, uno concebido con su legítimo esposo y otro con el dios.
En el siglo XX el escritor portugués José Saramago (1922-2010) retoma esa estrambótica idea y nos la plantea en clave filosófica en “El hombre duplicado” (2002). El protagonista –Tertuliano Máximo Alfonso- descubre, mientras ve una película, que un actor es una copia idéntica suya. El premio Nobel de literatura nos induce a reflexionar hasta qué punto podríamos soportar la existencia de un sosias perfecto.

Los ochenta maridos de Madame M

Vayamos un poco más lejos… ¿y si los suplantados fuesen los otros? ¿Qué pasaría si de repente estuviésemos convencidos de que una persona de nuestro entorno más cercano (esposa, hijo, hermano, amigo, compañero de trabajo…) no fuese quien dice que es y realmente se tratara de un impostor?
Precisamente esto es lo que le sucedió en 1923 a Madame M, una francesa de setenta y cuatro años que estaba convencida de que su esposo había sido sustituido por un doble exacto. Había asumido con absoluta normalidad esta irracional situación, ya que estaba acostumbrada, puesto que al cabo de un tiempo el impostor que había ocupado el lugar de su esposo acabaría desapareciendo y sería sustituido por otro. Tal y como madame M relató, llegó a tener más de ochenta maridos diferentes.

El síndrome de Capgras

Este curioso y excepcional delirio fue bautizado como síndrome de Capgras, en honor al psiquiatra francés que atendió a Madame M, el doctor Jean Marie Joseph Capgras (1873-1950), que lo definió inicialmente como «ilusión de dobles».
El síndrome de Capgras es un trastorno psiquiátrico que puede aparecer a cualquier edad, siendo más frecuente en mujeres que en varones y que puede afectar al reconocimiento de objetos, lugares o personas. En el año 2010 se describió el caso de un maestro británico que después de sufrir un accidente de tráfico estaba convencido de que su mujer había muerto en el accidente y que una impostora pretendía hacerse pasar por su mujer.
Lo verdaderamente curioso es que los pacientes con el Síndrome de Capgras –también conocido como delirio de Sosias- tienen intacta la capacidad consciente para reconocer caras, la enfermedad pasa a fase «on» en aquellos casos en los que cara está emocionalmente unida a su vida.
Al tratarse de un síndrome raro no hay muchos estudios relacionados con él. A pesar de todo, actualmente los expertos coinciden en afirmar que este rocambolesco síndrome puede ser provocado por unaalteración en la conexión entre el lóbulo temporal y el sistema límbico.
Una última curiosidad, en Nueva Zelanda hay una incidencia marcadamente más elevada de esta enfermedad entre los maoríes que entre la población general. ¿Se imagina una familia maoríes con varios casos de síndrome de Capgras simultáneamente?


Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.



Tags: cuerpos,suplantadores,caso,misterioso

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