Cochabamba, domingo 17 de junio de 2018
MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

Momentos guaranís

|  Antropóloga y docente universitaria maia_te@hotmail.com | 12 jun 2018

Como efecto de la usurpación de tierras durante el gobierno de Melgarejo (1866) y la masacre de Kuruyuki (1892) en el gobierno de Arce, se pueden tomar en cuenta dos formas de resistencia de los guaraníes: unos que vivieron el inicio de una desestructuración cultural debido a la dispersión en la búsqueda de tierras como condición básica de sobrevivencia, y que contribuyó al sometimiento al régimen de empadronamiento, esclavitud y aislamiento; y otros que escaparon a territorios inexpugnables por los karai (blancos), donde permanecieron aislados y ocultos ya que las garantías en aquellos lugares eran inexistentes. En ambos casos, el hecho común e histórico es la derrota de Kuruyuki, que marca el momento de dispersión de mayor consecuencia. Pues, a partir de ello, la historia del pueblo guaraní tomará diferentes caminos.

Para los Izozo, Kuruyuki y el exilio obligado fue el aspecto de mayor fortaleza para mantener viva su organización y libertad. Renunciaron a todo, pero tuvieron la capacidad de permanecer unidos en un mismo objetivo. La lucha posterior de los guaraníes izoceños estuvo centrada a la recuperación de sus territorios y a la preservación de su organización social interna como el vínculo más importante de su identidad cultural. El tiempo que los izoceños emplearon en fortalecer sus instituciones estuvo ligado siempre al logro de sus propias aspiraciones y demandas territoriales, tema central de sus reivindicaciones históricas.

En Iupaguazu, en cambio, después de la derrota de Kuruyuki, la dispersión no solamente trajo consigo la desestructuración de la organización social interna, sino que también fraccionó la familia, por lo que la captura y posterior inserción de los guaraníes de Iupaguazu, como mano de obra sin remuneración al régimen de empadronamiento en las haciendas de la zona, significó el sometimiento de esta población, y con ello la pérdida de su lógica territorial. Pese a ello, los guaraníes de Iupaguazu conservaron la lengua como rasgo predominante de su cultura, lo que les permitió un vínculo cotidiano con su identidad cultural.

Para entonces, la política del Estado oligárquico era civilizar a los indios. Los guaraníes fueron perseguidos, dispersos, los sometieron a la servidumbre forzada, a la marginación social y política. Cuarenta años después, el Estado convocó a una guerra que – según testimonios – “los indígenas no la comprendimos porque el enemigo hablaba nuestra lengua y teníamos las mismas creencias”. En medio de aquel desconcierto, también se encontraron con otros bolivianos que hablaban lenguas diferentes.

Posteriormente, la Reforma Agraria de 1953 contribuyó a empeorar la situación de los indígenas de tierras bajas, pues, según Miguel Urioste, la ejecución de este decreto en el oriente sirvió para legalizar extensos latifundios y consolidar la usurpación territorial; así el territorio guaraní fue reducido al concepto de tierra. Ahora, el Estado de la Madre Tierra con el proyecto hidroeléctrico Rositas inundará 46.900 hectáreas, afectando al menos ocho comunidades de cuatro municipios y dos Tierras Comunitarias de Origen (TCO) guaraní, que se encuentran dentro el área de impacto. Serán 500 familias afectadas. La búsqueda mítica de la “tierra sin mal”, ¿hasta cuándo será?



Tags: guaranís,Momentos

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