Cochabamba, lunes 18 de junio de 2018
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Alalay, peor que antes

|  Ph.D., docente de la Universidad de Évora, Portugal edu_mora123@outlook.com | 16 may 2018

En retrospectiva, lo ocurrido con la laguna Alalay denota que las autoridades no tienen ni la más mínima idea de las temáticas ambiental y de salud. Añado que los profesionales llamados a proveer las bases para la recuperación y manejo de la laguna carecemos de la fuerza suficiente como para hacerle frente a un sistema reacio al cambio y ciego ante problemas de este tipo.

En repetidas oportunidades expuse sobre los múltiples beneficios ecológicos de la laguna, pero cuando esta se encuentra en equilibrio con la ciudad y su entorno inmediato. Además, este espacio natural nos reconecta con el planeta, alejándonos de la abstracción idiotizante de la ciudad; influye positivamente en nuestra salud, educación, equilibrio mental, etc.

Varios ciudadanos, representantes de la recalcitrante cultura del cemento y la brea, me han confrontado frecuentemente con la posibilidad de tapar la laguna y construir más canchas de fútbol, condominios y hoteles o, tal como me dijera el burgomaestre ahora preso, convertir esa área en un “Central Park” lleno de árboles. Mis investigaciones en colaboración con por lo menos tres generaciones de estudiantes, colegas de seis países y siete universidades, museos e institutos, me llevan a responderle a esa gente con un rotundo no; la laguna Alalay debe recuperarse y cuidarse celosamente como acervo único del departamento y del país entero.

El año pasado publicamos un artículo en la revista científica alemana Nova Hedwigia (Suplemento 146, p. 73–87, Diciembre 2017), describiendo una nueva especie de alga, una diatomea, que hasta la fecha solo se halló en Alalay. A pesar de la presencia de cianobacterias tóxicas, este microorganismo ha persistido en la laguna, convirtiéndose en exponente endémico, patrimonio biológico único de la región. También el año pasado hicimos público un informe reportando más de 500 microorganismos de la columna de agua de la laguna (sin contar aquellos hallados en sedimentos). Muy poco de esta micro-biodiversidad ha sido explorado y, por tanto, no sabemos de beneficios adicionales en el campo de la industria, medicina, etc. Sí sabemos que parte de estos microorganismos son tóxicos, pero ni así las autoridades han solucionado efectivamente la situación de la laguna. Con la entrada de agua en la última época de lluvias 2017-2018, el número de especies de cianobacterias tóxicas subió a por lo menos siete, es decir, estamos en una situación peor que antes.

Por estudios realizados por otros colegas, sabemos que en materia de peces y aves la laguna integra una red intercontinental de ecosistemas y que su destrucción podría hacer colapsar poblaciones enteras de estos organismos, es decir, las repercusiones de nuestra desidia e incompetencia para con la laguna transgreden los confines cochabambinos.

Los delitos ambientales no prescriben, tampoco deberían los crímenes contra la salud, pero los castigos y sanciones no se hacen efectivos mediante un aparato jurídico inoperante ante el clamor de la misma sociedad que le da sustento. Mientras tanto, los responsables de los delitos contra Alalay y contra varias generaciones, ya despojadas de su salud y herencia natural, siguen parapetados en la impavidez de un electorado que hace la vista gorda a sus transgresiones.



Tags: antes,peor,Alalay,

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