Cochabamba, lunes 18 de junio de 2018
PARALAJES

La persistencia de Marx

| Profesor universitario novas9@yahoo.com | 13 may 2018

Este mes y año se celebra el bicentenario del nacimiento uno de los filósofos más influyentes de la historia: Karl Marx.

Ensalzado o denostado, el auge de sus ideas se dio en el recientemente pasado siglo y, por tanto, estas tenderán a gravitar cada vez menos, sin desaparecer del todo. Por eso, se engañan los enemigos más acérrimos del marxismo al creer que el fracaso del socialismo real condena a Marx al basurero de la historia. Pero la apología exaltada es igualmente otro error. La debacle de la URSS y sus satélites no fue meramente efecto del stalinismo o del leninismo. Marx (y Engels) no puede ser completamente exculpado. A diferencia de los filósofos, Marx quería cambiar el mundo, y no solamente entenderlo, impactar en la realidad y no quedarse en el limbo de las especulaciones. Y el marxismo, para bien y/o para mal, sí que cambió el mundo, aunque no de la forma que Marx hubiera previsto o deseado.

El pensamiento marxista veía en el comunismo la última etapa de la Historia, en la cual el Estado quedaría definitivamente abolido. Pese a que el marxismo se presentaba como una superación del “socialismo utópico”, hay en él una fuerte vena libertaria y utópica no frecuentemente reconocida, ni por propios ni por adversarios. A diferencia de los anarquistas, Marx pensaba que el fin último de la disolución del Estado no podría conseguirse por decreto, por conciencia o por la sola voluntad de las masas esclarecidas. Era necesario un largo proceso de transformación, doloroso y sangriento, a través del cual el Estado llegara a representar a toda la sociedad en vez de solamente a la clase dominante.

Probablemente tenía razón, pero también la tenían sus críticos anarquistas (Bakunin) cuando percibían en Marx señales claras de un germen autoritario. Marx podía ser arrogante e intolerante con otros luchadores y pensadores sociales, la mayoría de quienes, no lo igualaban en originalidad y genialidad. No era del tipo del sabio humilde. Desdichadamente, muchos de sus seguidores, lejos de distanciarse de estas taras personales las perpetuaron al construir un sistema dogmático de ideas. El marxismo ortodoxo, sancionado por el poder estatal soviético, esclerotizó a la propia filosofía marxista, canonizada como “materialismo científico” o “materialismo histórico/dialéctico”.

El resultado de esta ortodoxia cuasi religiosa, con sus excomuniones e inquisiciones, fue que, irónicamente, el marxismo tuvo un desarrollo más vital en los países de Europa Occidental que en los que fungía de filosofía oficial. El mayo del 68 francés, la “nueva izquierda”, toda la agitación juvenil de fines de los 60 en Europa, América y Japón, tuvieron un fuerte influjo del marxismo no ortodoxo, aunque rebasando con mucho su preocupación con los temas económicos y de clase. Fuera de la Primavera de Praga, duramente aplastada por los tanques soviéticos, no hubo nada comparable en el Este. No obstante, el marxismo sufrió un gran revés con la caída del bloque socialista. El legado de Marx sigue suscitando pasiones. En su ciudad natal, Tréveris, le erigieron este mes una estatua (donada por China) que a los pocos días fue objeto de un ataque incendiario. Aunque no sea Marx culpable de los errores y crímenes cometidos en su nombre, muchos no se lo perdonan.



Tags: Marx,persistencia,La

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