Cochabamba, martes 22 de mayo de 2018

2000

| Docente y Consultor en Tecnología de la Información en la Agencia Bithumano marcelo@bithumano.com | 12 may 2018

Acabo de dictar un taller para estudiantes “jóvenes” (así entre comillas) porque cumplen una característica particular: han nacido en el año 2000, son promo 2017 y están en primero de universidad. Por cierto, ¿dónde estabas tú el año 2000? ¿Actualizando tu compu por el Y2K? ¿Pendiente del frenetismo mundial por el cambio de año/década/siglo/milenio? No había Facebook, ni memes, ni mensajes urgentes por WhatsApp que atender, y sin embargo, el título del siglo XXI ya empezaba a pesar en nuestras espaldas. Cuando miramos al pasado, cada década es nombrada como “los 80”, “los 90” con una característica en particular. ¿Cómo nombraremos ahora las décadas? Cuando en 30 años, en pleno 2048 recordemos este momento?

Me encanta haber vivido esa pequeña fracción de tiempo/espacio porque la generación que tengo delante ya está en la universidad. Es el pan recién salido del horno del sistema. Ellos vivieron sus 12 años de colegio bajo el actual sistema de Gobierno y más allá de las críticas y las a las reformas, podemos evidenciar los contrastes. Debo ser honesto. Tienes una fecha de caducidad y ha empezado hoy. No es un tema de edad ni de especialización, es un tema de paradigma. Leo a diario a través de las redes sociales sendas críticas adultocentristas, criticando a los jóvenes por la música que escuchan, por la ortografía que tienen, por los libros que no leen y los programas que sí ven. Evidentemente, eso dice mucho de nosotros, puesto que nuestra generación está aquí arriba. Somos quien los cría, los educa y les muestra el mundo desde nuestra particular mirada con un dedo índice por encima. Nos hemos convertido en aquello que teniendo la misma edad, juramos no serlo.

Mi sobrina sale este año del colegio. Otra G-21. Sube al auto y le digo que escoja “su música” en Spotify. De pronto, suena a todo volumen Carry on Wayward, son del grupo Kansas. Estoy sorprendido. ¿Dónde la conoció? ¿En una serie de Netflix? Da lo mismo. Ha empezado su travesía por este vasto océano y ahora le toca navegar en alta mar. No sé por qué esperamos que los chicos de hoy hablen Milan Kundera o Krzysztof Kieślowski cuando el sigo XXI es, de por sí, un total cambio de paradigma. Somos por encima del yo. Ser en vez de tener. Que no tengan miedo a cambiar lo que nosotros no pudimos. Que no pierdan el espíritu del milenio.

Violeta Parra lo resume bien:

“Volver a los diecisiete, después de vivir un siglo, es como descifrar signos, sin ser sabio competente. Volver a ser, de repente, tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo, como un niño frente a Dios, eso es lo que siento yo, en este instante fecundo”.



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