Cochabamba, jueves 18 de octubre de 2018

¡Te (nos) observan…Y todo el tiempo!

| El autor es comunicador y experto en Gestión Estratégica | 12 may 2018 |

Más de mil setecientos satélites orbitan cada día por sobre nuestras cabezas, desde una distancia cercana de 500 kilómetros. Cada satélite envía un promedio de diez mil fotografías por día a sus centros de comando. Solo en 24 horas se han reunido un total promedio de un millón y medio de imágenes de la tierra, de ciudades y del campo. Sin mencionar audios de conversaciones y videos de vigilancia destinados a la seguridad nacional.

Solo en Estados Unidos sobrevuelan con cámaras y dispositivos móviles más de tres millones de drones comerciales, sin contar los de seguridad y vigilancia policial.

En Londres hay una cámara de vigilancia por cada 11 habitantes (denominadas CCTV: Circuito Cerrado de Televisión). De hecho, es el país con la mayor cantidad de cámaras de vigilancia del mundo. Y si a esto le sumamos en los diferentes países la moda de las llamadas dashcams, que son aquellas utilizadas para los autos, transporte público, los cascos de motocicletas, bicicletas, policías y gendarmes de seguridad de centros comerciales, y las constantes selfies y fotografías que la gente común toma en plazas, calles y restaurantes, no queda otra conclusión funesta de que hemos perdido un valor fundamental como sociedad: su privacidad, nuestra privacidad.

Los frentes de discusión son variados. Están desde los que defienden el sistema por un tema de prevención de ataques terroristas, delitos públicos, infracciones de tránsito, asaltos. A su favor se encuentran la resolución de atentados en 2005 en el metro de Londres y en 2013 en la maratón de Boston, entre otros muchos casos como el atropello masivo de peatones en los icónicos y concurridos paseos turísticos de Barcelona y el puente de Londres.

Los otros, en cambio, alertan de los riesgos de la intromisión en la vida privada de la gente y en los enormes riesgos de perder una conducta natural del ser humano: su aislamiento voluntario, su intimidad, su libre albedrío individual, entrando en un terreno filosófico.

Frente a esta hiper exposición y de filtración de datos personales, las marcas reaccionaron de inmediato. Los mercados minoritas y de retail invierten senda sumas de dinero para acceder a esa data de comportamiento privado de las personas, para armar sus estrategias de mercadeo.

A esta tendencia se la denomina Vigilancia Integrada (VI), que para los expertos es la más agresiva de todos, por su finalidad comercial en lugar hacerlo so pretexto de la seguridad social.

Este sistema de vigilancia integrada consiste en que como marca, al conocer los hábitos de consumo de un individuo, cada vez que ingrese a mi supermercado o tienda de retail, puedo enviarles desde un mensaje de texto, audio u oferta comercial para condicionar su compra en ropa, comida o bebidas.

Si eres madre, te direccionaré a la sala de pañales, leche o biberones. Si eres runner, cada vez que pases por mi tienda recibirás una alerta de descuento de ropa fitness o suplemento alimenticio...

¡Y lo más curioso, es que como consumidores, estaremos muy agradecidos! Sin darnos cuenta que nos tienen identificados, mapeados, segmentados y condicionados. El Gran Hermano de Orwell nos vigila y diseña nuestras vidas. Haciéndonos creer que tomamos decisiones libres...

Así que amigo lector, frente a esta agresiva y tumultuosa vigilancia, será que solo nos queda vestir bien y siempre, en lo posible, ¿andar con una sonrisa en el rostro? Digo, por lo menos, para mantener la decencia y la postura. ¡No vaya a ser que nos pillen en pecado!



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