Cochabamba, jueves 18 de octubre de 2018
Desde Afuera

Una multiplicación de guerras permanentes en el mundo

| | 15 abr 2018 |

De la Guerra Fría a la casi guerra tórrida. El conflicto en el este de Ucrania, primero, y luego la guerra interna Siria donde Occidente y Rusia mezclaron las cartas hacia una tensa escalada desembocan ahora en un circuito de amenazas que pone al mundo en la frontera de un conflicto de proporciones inescrutables.

El fin del mundo bipolar después de la caída del Muro de Berlín (1989) y el advenimiento de un “nuevo orden mundial” definido por el presidente George Bush (padre) no vio emerger un nuevo sistema internacional de seguridad, sino una multiplicación de guerras permanentes. Siria es el último modelo. La supuesta utilización de armas químicas por el régimen de Bashar al-Assad contra la localidad de Duma (7 de abril) llevó al presidente norteamericano Donald Trump a prometer una respuesta militar con “misiles bonitos, nuevos e inteligentes” y a Moscú, que ya bloqueó dos resoluciones en las Naciones Unidas, a reiterar su oposición total a esa iniciativa y a advertir que derribaría cualquier misil. En Gran Bretaña, la Primera Ministra, Teresa May, parecía dispuesta a participar en la coalición sin autorización parlamentaria mientras que, en Francia, el presidente Emmanuel Macron aseguró que “tenemos la prueba de que las armas químicas fueron utilizadas por Bashar al Assad”. París, no obstante, conserva un perfil prudente ante el temor de “una escalada mayor”, cuyo telón de fondo es una puja por el control geopolítico entre Washington y Moscú. 

La guerra Siria es un afluencia de actores y una catástrofe humanitaria: los siete años de conflicto dejaron más de medio millón de muertos y uno de los desplazamientos de población más imponentes de la historia moderna (la mitad de la población).

Sea cual fuere su naturaleza, una excursión militar es un rompecabezas. En abril de 2017, Donald Trump ya lanzó 59 misiles Tomahawk contra una base aérea (Shayrat, en la localidad de Homs) como respuesta  al empleo por parte del régimen de Bachar al Assad de armas químicas. La configuración militar no cambió por ello. Al contrario, el presidente sirio reforzó sus posiciones. Hoy tiene bajo su control dos terceras partes del país gracias a las sucesivas victorias contra los rebeldes y al respaldo de Irán, Rusia y combatientes chiítas oriundos de la región. La última batalla en el suburbio (afueras de Damasco, la capital) de la Guta Oriental acabó con los rebeldes de Jaish al Islam y consagró la doble victoria de al-Assad y Rusia. Pese a las gesticulaciones de Occidente, Bachar al Assad ha ganado la guerra. 

Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Arabia Saudita, Irán, Israel, Turquía (en guerra contra los Kurdos), los rebeldes Kurdos respaldados por Washington (hay 50.000 desplegados en la frontera con Siria), Irak, el Estado Islámico, opositores insurgentes, rebeldes islamistas y grupos afines a Al Qaeda, milicias chiítas, grupos sunitas (Frente al Nusra) y otros salafistas más los “consejeros” enviados por las potencias conforman uno de los mayores enredos que se hayan conocido en la región. En ese río agitado de muchos brazos el régimen sirio navegó a sus anchas. La multitud de frentes vivos torna imposible una solución radical. Los “misiles bonitos, nuevos e inteligentes” con los que Donald Trump fanfarroneó en Twitter no podrán mover las piezas instaladas.

Tomado de Página 12





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