Cochabamba, viernes 21 de septiembre de 2018

Discriminación

| Director de Carrera Ingeniería Civil UCB San Pablo prudencioj@ucbcba.edu.bo | 13 abr 2018 |

No es necesario que cada uno hable un idioma diferente para generar una torre de Babel, basta que cada quién entienda el idioma de una forma divergente. Las palabras, como unidad lingüística, están relacionadas a un significado, pero no tienen en sí mismas un sentido, este, lo creamos con las oraciones en su denotación o connotación, en el discurso.

Quién podría sentirse ofendida si le cantan “Linda silueta de bella mujer, ojos muy negros de hondo mirar y labios rojos que incitan a amar, collita tenías que ser”; o “Cunumicita linda que tienes ojos de guapurú”.

Es evidente que todas las culturas y naciones que conforman Bolivia están incluidas y reconocidas por la Constitución Política del estado, sin embargo, la discriminación y constante enfrentamiento que se manifiesta en las calles, instituciones, aulas, etc., son una clara muestra de que no están integradas en una cultura nacional. La construcción de esta unidad es una deuda de los procesos educativos, desde la casa hasta la universidad.

Para discutir la viabilidad de un país “Comunidad de naciones”, primero tenemos que entender que “comunidad” implica una cualidad de común, la existencia de algo que no siendo privativamente de ninguno, pertenece a todos, una identidad de país que la educación debe construir. La instrucción, el desarrollo, la identidad y la mística como dimensiones del proceso formativo deben estructurar las condiciones de construir una comunidad a partir de la integración de diferentes naciones en pleno respeto a cada una de ellas.

Es necesario que cada nación preserve, desarrolle, difunda y produzca su cultura en plena libertad. Es necesario educar en respeto a la naturaleza de cada cultura. Esto no implica que todas las naciones asuman la cosmovisión de una como identidad, porque esto sería una nueva colonización.

Es necesario repensar la educación en términos de su aporte al sentido de la vida, al respeto del otro entendiéndolo como igual y diferente a uno sin que la diferencia establezca categorías jerarquizadas.

Algo no está siendo lo que debiera ser, es más importante el dinero que los árboles, el agua, el ser humano y los animales. Creemos ser superiores por la historia que nos antecede, el apellido, el lugar de origen, sin que hayamos hecho absolutamente nada por merecer tal superioridad y lo que es peor, lo hacemos en la más profunda ignorancia de la propia historia.

Esa historia que es el resultado de la participación de millones de ciudadanos ignorados, que no están en los libros y cuyas tumbas están olvidadas en los cementerios, sin versos en sus lápidas; millones se seres humanos, que limpiaron, sembraron y cultivaron la tierra para que collas, cambas y chapacos tengamos que comer, de miles de obreros que trabajaron para que los bonitos y los feos tengamos donde vivir.

Algo no está como debería estar, es que no comprendemos que ni Dios, ni el Inti ni la madre tierra, la casa grande, diseñaron fronteras ni establecieron diferencias, ante sus ojos somos todos iguales. En la educación tenemos la deuda de trabajar para que comprendamos esta igualdad en las diferencias que nos caracterizan.



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