Cochabamba, lunes 23 de abril de 2018

Gestión pública no es fiesta

| Ingeniero civil e hidrólogo gonzalomrojas1947@hotmail.com | 13 abr 2018

Después de 18 años de la Guerra del Agua, resulta triste para el pueblo que confió en los políticos y miembros de la Coordinadora, hoy en el poder, no recibir agua, que fue motivo de su lucha por siete días, con barricadas y sin dormir. Tenían comida gracias a las señoras del mercado 25 de Mayo. Muchos se subieron al vagón de prebendas y se emborracharon con la idea del dinero y del poder.

Seremos realistas. ¿Por qué no hay agua en las viviendas y se acaba de una vez el uso de los turriles? Los que administraron (autoridades) en los últimos 20 años no se dieron cuenta de que la población creció más rápido, y por falta de previsión en la planificación urbana se extendió sin servicios.

Estas autoridades dieron facilidad para que se asienten miles de familias en algunas tierras, y si bien resolvían el problema de la vivienda, una casa de cuatro por cuatro metros, se olvidaron del agua.

Los políticos que no conocen de ingeniería sanitaria pensaron que los tubos eran eternos. ¿Cómo pudieron? pero lo hicieron. Los alcaldes querían mostrar que las “obras entran por los ojos”, ¡Cómo se te ocurre enterrar tubos! si nadie ve, era mejor asfalto, jardines o algún puente, hacer galpones para gimnasia y comprar autos de lujo.

Si instalaron tubos nuevos, no pasaba de 100 metros. No pensaron que se debía trabajar en tener agua. El Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Semapa) el año 1996 tenía 900 litros/seg., hoy lo mismo.

Los tubos viejos y la planta para tratar el agua del alcantarillado están a punto de colapsar. Algún Gerente dirá que no había dinero, pero eso no es cierto. Ofrecieron recursos de Francia, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento, pero como no había planos, oportunamente, se llevaron a otras regiones o países. El último ofrecimiento, de España. No se aceptó las condiciones de la cooperación gratuita, por algún interés. Hoy, estamos con cañerías que pierden el 60 por ciento de lo que ingresa.

¿Cómo calificar esta barbaridad?, mala gestión pública, siempre están de fiesta. Estos 12 años, con tanto dinero, no le dieron impulso, pensaron que se tendría agua en el embalse de Misicuni y con eso estaba solucionado el problema. Se olvidaron que faltaban los tubos para llevar a los hogares, lo peor, quizás las obras se terminen en 2025.

Un buen gestor público prioriza obras para el pueblo y no aviones, centros nucleares, museos, palacios de cristal, tren bioceánico, fabricar armamento. Como ciudadanos nuestra tarea es transformar, porque el cambio es mentira.



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