Cochabamba, lunes 23 de abril de 2018

Tallar el feminismo

| Antropóloga y docente universitaria maia_te@hotmail.com | 10 abr 2018

No todas las mujeres son feministas, porque ser feminista no es cuestión biológica, es una opción política. El feminismo es una combinación de tres evidencias: la primera es constatar que en todas las sociedades las mujeres están en peor condición que los hombres. Los indicadores sociales como el trabajo, salud y educación demuestran tal aseveración: que las mujeres están en condición de desigualdad. La segunda evidencia, aunque es subjetiva, es considerar que está mal que sea así, y la tercera es el convencimiento que hace posible que las mujeres feministas asuman un compromiso en la vida cotidiana para no reproducir la desigualdad y, principalmente, para revertirla. Y esto es complicado, porque al cuestionar el orden político establecido están en permanente condición de litigio, probablemente en escenarios domésticos como su casa, el trabajo, la calle, las instituciones, la prensa, las instancias jurídicas, etc.

Ahora bien, las mujeres feministas que buscan condiciones solidarias e igualitarias, tendrán que pensar en las variables de clase social, diversidades sexuales, ideologías y otros. El diálogo debe ser prioritario si se quiere construir y revertir la desigualdad. Por eso es importante la apertura política y no descalificar a los otros, es decir, diálogos críticos y políticos entre mujeres y diversidades “otras” referente a orientación sexual, género y opción de género.

¿Por qué hay mujeres que les asusta el feminismo? Es una pregunta que todos nos debiéramos hacer. Lo primero es tener claro que al patriarcalismo le conviene: que las mujeres no cuestionen el orden instituido con sus reglas, estereotipos, estigmas y demás; que sea una sociedad normativa, (premio y castigo), donde el objeto de deseo de los hombres es una mujer “femenina” que no dispute nada, que se contente con el rol doméstico asignado, que sea una mujer vitrina (no transparente) y reflejo de la sociedad de consumo. Esas mujeres, siempre serán ejemplo en sociedades patriarcales y ciertamente premiadas cuando no generen conflicto frente a la norma. Por eso, y seguramente otros aspectos más, es que a muchas les asusta el feminismo, porque el feminismo cuestiona, se rebela, exige reversión del orden y no tiene miedo al castigo. Esta dinámica cuestionadora también molesta a muchos hombres y ciertamente les incomoda.

Ahora bien, si pensamos que hacer política es ser miembro de un movimiento partidario, estamos equivocados, pues el acto de vivir es un acto político. En ese entendido es importante hacer política debatiendo la desigualdad entre hombres y mujeres y los prejuicios que existen referentes a la doctrina del feminismo. Ser feminista no es estar contra la familia o estar a favor del aborto. Ser feminista es estar en contra de cualquier relación de subordinación social, cultural, sexual y política, abordando y cuestionando las relaciones de poder y la normatividad de la sociedad patriarcal.

A saber, cuando le preguntaron al escultor francés Rodin cómo creaba sus obras, dijo: “Tomo un pedazo de mármol y le quito todo lo superfluo”. En suma, estamos viviendo tiempos de muchísima transición, pues en la actualidad la mayor parte de mujeres jóvenes en el mundo son políticas, son contestarias, son escultoras de la igualdad.



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