Cochabamba, lunes 23 de abril de 2018

¿A quién le interesa la verdad?

| Tomado de la agencia EFE | 09 abr 2018

Esta pregunta, lanzada por un participante en una reunión de especialistas en comunicación celebrada hace escasos días, resonó con especial virulencia entre todos los asistentes. Tan solo unas horas antes, se había hecho público el escándalo de la fuga de información privada perteneciente a cincuenta millones de usuarios de Facebook, que fue utilizada con fines políticos por Cambridge Analytica, una firma de minería de datos que trabajó para la campaña de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016.

Aunque la historia de la manipulación y la propaganda tiene una trayectoria de muchos siglos, el actual entorno comunicativo, caracterizado por su digitalidad e interactividad, alimenta la circulación del mayor volumen de falsas informaciones conocido hasta la fecha.

La nueva era de la posverdad se configura como un fenómeno complejo asentado a partir de la confluencia de tres factores: la proliferación de pseudo-contenidos en las autopistas digitales de la información, las condiciones tecnológicas y el modelo de negocio de las principales plataformas de la comunicación y la información digital y la escasa preparación de las audiencias para manejar la sobrecarga informativa a la que se enfrentan diariamente.

En un informe sobre la desinformación publicado hace escasas semanas, la Comisión Europea recomienda el abandono del término fake news porque simplifica un fenómeno que va mucho más allá de la creación ad hoc de falsas noticias. En nuestros días, la falsedad puede adquirir múltiples formas que desbordan tan limitada concepción.

La posverdad puede configurarse a partir de la estrategia del clickbait, consistente en la generación de titulares atractivos y sensacionalistas que nada tienen que ver con el contenido de la noticias y cuyo único objetivo es generar el interés del usuario para engordar el tráfico a determinadas webs persiguiendo fines económicos.

El contenido invisiblemente esponsorizado es otro de los modelos de posverdad que encontramos en los entornos virtuales. Su materialización se ejecuta bajo el modelo de acción de los influencers que, en las redes sociales, muestran un estilo de vida hipercapitalista que contribuye a sustentar el mercado bajo principios neoliberales, a la vez que ofrecen su adhesión a determinados productos ocultando sus relaciones contractuales con las marcas que publicitan.

El contenido partidista de determinados diarios digitales que manifiestan un evidente sesgo en la presentación de los hechos y utilizan un lenguaje extremadamente emocional y apasionado o la construcción de teorías conspirativas y contenidos pseudo-científicos, que intentan explicar de forma simple realidades complejas como respuesta a las relaciones de miedo o incerteza de una aturdida población, son otros modelos de falsos contenidos que golpean a cada minuto la línea de flotación de la calidad informativa a la que tiene derecho el ciudadano.

Desde el lado de la tecnología, la eclosión de las plataformas digitales 2.0 y las redes sociales a partir del año 2004 ha creado un sistema mediático caracterizado por la sobreabundancia de información y el oligopolio de un puñado de plataformas cuyo modelo de negocio constituye el caldo de cultivo ideal para la propagación de la desinformación.



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