Cochabamba, jueves 18 de octubre de 2018

Obsolescencia programada

| Abogado y profesor universitario javiespadavalenzuela@gmail.com | 08 abr 2018 |

Existe algo seguro más allá de la muerte y los impuestos… y es que llegaremos a ser viejos. Siendo jóvenes, nos reímos del anciano que protesta en el bus durante todo el trayecto o del que se viste de forma graciosa, sin advertir que ese también será nuestro destino. Esta era del envase, donde importa más el envoltorio que el contenido nos impulsa a estar siempre vigentes, a hablar y vestirnos a la moda y a adquirir dispositivos electrónicos de última generación con la finalidad de lucir más jóvenes pues la vejez nos aterra. No hay nada más triste que un adulto pretendiendo parecer más joven para encajar y no ser declarado obsoleto. Aunque no nos guste, el sistema consumista en que vivimos nos ha programado para desechar lo antiguo. Las antigüedades se han vuelto costosas no por su valor histórico, sino porque abunda lo nuevo y novedoso, lo desechable y económico así que las reliquias son escasas. El materialismo nos impulsa a comprar el último celular o el auto del año porque ya no le hallamos objeto a preservar lo que tenemos ni conformarnos con lo aparentemente desactualizado. Ese sentido de desprendimiento hacia todo le resta valor sentimental a las cosas. La cultura del descarte se refleja en nuestras propias relaciones interpersonales, la idea de tener amigos para toda una vida, las promesas de amor eterno, las relaciones amorosas estables o los matrimonios duraderos ya no existen… se han vuelto anticuadas. A mediados de esta década los estudiosos de las relaciones laborales establecieron que los millenials eran una generación sumamente necesaria para las empresas y, por tanto, había que deshacerse de los empleados más viejos porque no tenían flexibilidad al cambio y se resistían a él. Lo que ocurrió después fue que se dieron cuenta de que el joven moderno es mimado, comodón, aborrece el trabajo monótono, desea ser gerente de la noche a la mañana y quiere ganar mucho dinero en el menor tiempo posible, si no encuentra rápidamente eso en un cargo se va. Atrás fue quedando la idea del empleado que permanecía eternamente en la empresa. Las empresas también pasaron a ser descartadas. Y si nadie quiere permanecer en un puesto de trabajo ¿Quién produce? Entonces, los gurús admitieron su error. No había que deshacerse de la gente mayor, sino que había que crear equipos diversos, encontrar un equilibrio, dado que mientras más diferencias existan en un equipo (edad, sexo, perfil profesional, procedencia, tendencia sexual o grado de discapacidad) más creativo, interesante y productivo es el resultado para el negocio. Ser viejo no es malo, querer negar que uno lo es, sí. A lo largo de los años ha ido acumulando experiencias que lo han vuelto más sabio. Las canas, el desgaste físico o las arrugas no definen a las personas, sino lo que se ha ido construyendo internamente con el tiempo y eso nos convierte en únicos.



Tags: programada,Obsolescencia

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