Cochabamba, viernes 20 de abril de 2018
Cantautor chuquisaqueño

Cuéllar refleja con música la vida del migrante en EEUU

Llegó al país del norte hace 16 años. Allí, confiesa, recomenzó su carrera como “obrero” de la música.
| | 26 feb 2018

EL CANTAUTOR JULIO CUÉLLAR INTERPRETA, EN WASHINGTON, LA CANCIÓN “SOY BOLIVIANO”. JULIO CUÉLLAR



Su objetivo era probar suerte en México, pero por azar del destino y una “buena conexión” llegó a Estados Unidos, donde actualmente reside con su familia, desde hace aproximadamente 16 años.

El cantautor Julio Cuéllar nació en Villa Serrano, Chuquisaca, el 31 de enero de 1968, y desde pequeño empezó a destacarse por sus dotes artísticos. Proviene de una familia de profesores de música, y él mismo estudió esta carrera en la normal Enrique Finot de Santa Cruz.

"Ni soy famoso ni popular, menos millonario, pero sí soy inmensamente feliz porque trabajo en lo que yo amo. No vivo de la música, pero sí la música me da vida, que es completamente diferente".

Con estas palabras, Cuéllar resume su vida actual. Reside en Virginia (hogar de miles de bolivianos) y se dedica a la música. En los últimos años grabó varios discos compactos.

Agradece “a Dios” porque tiene a su familia con él, a su esposa y a sus tres hijos. La mayor nació en Bolivia, y los otros dos (un varón y una mujer), en Estados Unidos.

No obstante, Cuéllar extraña de Bolivia la calidez de su familia ampliada. Rememora que él y sus hermanos solían reunirse en la casa de su madre, donde comían, cantaban y bailaban. En cambio, ahora, su círculo se reduce a su esposa e hijos porque sus parientes más cercanos en Virginia viven a una hora de distancia, como mínimo.

UNA TRAVESÍA El cantautor boliviano llegó a Estados Unidos sin pensarlo. Su meta, cuando salió de Santa Cruz, era viajar a México para proyectar su carrera artística en el extranjero. En Bolivia había formado parte del grupo Las Marías & Trova, con el que realizó varias grabaciones discográficas en diferentes compañías disqueras, Discolandia, como Lauro & Cia. y Santa Fe.

En el país azteca, cuando empezaba a promocionar su carrera, en 1999, le llegó, providencialmente, una oportunidad, un casting para trabajar en cruceros, con el Trío Mallcu.

Gracias a otra conexión, que llegó de la mano de su amigo Herbert Vargas, tuvo la oportunidad para trabajar con su música en Estados Unidos.

El inicio en este país, como sucede con la mayoría de los migrantes, fue complicado. Tuvo que comenzar desde abajo, pese a que en Bolivia se había ganado ya un nombre.

“De nada sirve si eres un artista consagrado en tu país”, afirma.

Señala que para él fue difícil volver a ser “obrero” de la música, es decir, tocar varios días a la semana. En la compañía de cruceros cantaba como promedio 45 minutos a la semana. Cuando recomenzó su carrera, en Estados Unidos, tocaba a partir del miércoles hasta el fin de semana.

Cuéllar conserva un agradecimiento especial por las hermanas Jhenny y Gloria Sánchez, quienes le dieron la posibilidad de cantar en su cadena de restaurantes en Virginia, Estados Unidos.

Su trabajo como músico no le permitía cubrir todos sus gastos, por lo que tuvo que dedicarse a pintar casas, un oficio que nunca antes había ejercido, pero que le ayudó sobremanera en sus inicios para pagar la renta y otros gastos.

Lo de bueno, según sus palabras, es que los bolivianos “somos de hierro y estamos hechos para todo. Venimos con una coraza que no nos la rompe nadie”.

PROYECTOS Actualmente, el cantautor se dedica a la música a tiempo completo. En el país del norte grabó varios discos compactos. Ya no canta en restaurantes, sino que se presenta en eventos, fiestas y festivales. Además, es director musical en dos iglesias.

Cuéllar logró instalar un pequeño estudio de grabación en su casa, donde pudo consolidar varias propuestas musicales.

En Estados Unidos grabó “Sueños y realidades”, que refleja historias de inmigrantes, el periplo que atraviesan cuando llegan por primera vez a ese país, cómo se establecen en su nueva residencia y cómo superan las dificultades que se les presentan en el camino. Su canción “Sí se puede” refleja que el sacrificio del migrante tiene su recompensa. “Aquel que se sacrifica y es disciplinado puede vencer todas las dificultades y llegar a ser un triunfador”.

Asegura que conoce a personas de cuna humilde, que con perseverancia y trabajo, llegaron a consolidar su economía.

Lo malo para los inmigrantes, a decir de Cuéllar, es que la discriminación contra los bolivianos en este y otros países se ha incrementado, por lo que su vida es más complicada.

Otro disco grabado en Estados Unidos tiene como título “Reencuentro”, que también está dirigido a los migrantes bolivianos.

Y para adecuarse a los tiempos actuales, Cuéllar empezó a grabar música para difundirla mediante Youtube y Facebook.

Uno de sus últimos trabajos es “Soy boliviano”, que retrata el diálogo entre dos hermanos, uno que vive en Estados Unidos y otro que permanece en Bolivia.

Adelanta que trabaja actualmente en un proyecto musical que busca reflejar su vivencia espiritual, su conexión con Dios. Espera concluir pronto, porque ya está con el 70 por ciento de avance. “Son mis canciones, de mi vivencia con Cristo”.

El artista asegura que con su música busca que los bolivianos sean unidos en la diversidad, sin importar si son collas, cambas, chapacos o matacos, como dice una de sus canciones.

ENSEÑAR MÚSICA El cantautor chuquisaqueño es profesor de música y una de sus metas más inmediatas es establecer un lugar (una academia), donde pueda enseñar a tocar los instrumentos bolivianos y los ritmos de este país a los hijos de los compatriotas que residen en Estados Unidos.

El sueño de Cuéllar es que la música boliviana se fortalezca en el exterior y que se formen nuevos compositores e intérpretes, pero no solo en folclore, sino también en jazz, baladas y otros ritmos.

Cuéllar se siente orgulloso por la repercusión que tienen en el mundo composiciones musicales como “Llorando se fue”, de Los Kjarkas, y “La bomba”, del grupo Azul Azul y su intérprete Fabio Zambrana.

Por lo pronto, Cuéllar asegura que intenta enseñar a los niños de su iglesia a cantar por lo menos en español. En Navidad forma un coro de niños para cantar villancicos bolivianos y latinoamericanos. Es parte de una iglesia episcopal de Santa María, donde es el ministro de música.

2002

Un nuevo comienzo

Julio Cuéllar y su familia se establecieron en Estados Unidos en 2002, en el estado de Virginia, donde recomenzó cantado en una cadena de restaurantes de un familia de migrantes bolivianos.

Un sueño

El cantautor chuquisaqueño sueña con abrir una academia donde enseñe la música boliviana.

Su carrera en Bolivia

Jorge Cuéllar es el penúltimo de siete hermanos y desde pequeño mostró inclinación por la música.

El primer instrumento que aprendió a tocar fue el charango. Y su habilidad era tal que a los seis años ya hacía presentaciones en su natal Villa Serrano y en la capital, Sucre.

Ganó concursos interprovinciales y departamentales con el Dúo de Oro, con su primo Raúl.

Uno de los primeros discos que grabó fue en Discolandia (La Paz) con su agrupación familiar Los Hermanos Cuéllar.

Estudió en la Escuela Integrada Enrique Finot de Santa Cruz, donde se graduó como profesor de música en 1991.

Con la agrupación Las Marías & Trova grabó varias canciones e hizo giras internacionales. En 1997, fue ganador del festival Lauro de la Canción, como solista. En 1998, lanzó su primer disco como solista denominado “Amores”, con 10 temas de su autoría.





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