Cochabamba, domingo 27 de mayo de 2018
UN POCO DE SAL

Tupiza, radiografía a un poder tramposo

| | 09 feb 2018

Una mujer afectada por la inundación en Tupiza reclama ayuda al más alto representante del poder estatal en Bolivia. Éste, entre aceptación y regaño, le lanza a bocajarro una frase: “¡Evo cumple, Tupiza no cumple, cuidado!”.

La fugaz escena expone la estructura de una relación de dominación que pervive en las dinámicas entre Estado y sociedad civil, pisoteando principios y normas constitucionales, en un aparente Estado de Derecho.

La escena es una muestra medular del Estado patrimonialista, cercano a un Estado feudal, basado en creencias construidas que enaltecen al héroe hacedor de “obras” y humillan a los menesterosos.

Lo más grave, lo que está oculto detrás de la escena, es la infamia de un Estado que por acción u omisión es altamente responsable del desastre. No es solo la lluvia la causante. Es la deforestación, la minería irresponsable en las cuencas, el mal manejo de estas, la inexistente planificación urbana…

La construcción de una enorme ficción tiene relación directa con la magnitud de realidad que se pretende ocultar. Cotidianamente vemos cómo se construye el fetiche: con imágenes diarias de culto a la persona, de zalamería palaciega, de enaltecimiento mediático al singular “héroe político”, el “elegido cósmico de los dioses”. Esa enorme exhibición de culto pseudo-religioso al caudillo es un gran teatro para encubrir la realidad de un “río revuelto”, con inexistentes controles legales y sociales, que facilita la corrupción en toda escala.

Igual que el culto al caudillo, la escena de Tupiza se enmarca en la estructura simbólica que rige las relaciones meta-sociales en las religiones. En estas, recurrentemente aparecen feligreses indigentes negociando, con caprichosos dioses, un desigual intercambio de dádivas. Vetustas estructuras de dominación presentes en las religiones se materializan en relaciones políticas que no asumen lo más básico del Estado de Derecho, precisamente porque quieren encubrir a ese Estado que no garantiza derechos básicos para la gente. Tupiza tiene el espectáculo Dakar, pero no agua potable, y ahora, encima, tiene desastre.

Pero esta fetichización concertada de un caudillo está en declive. Cada vez es más inocultable su desnudez. Los sondeos de opinión así lo muestran.



Tags: tramposo,poder,radiografía,Tupiza,

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