Cochabamba, viernes 23 de febrero de 2018

Trece años del “sí, quiero” que convirtió a Melania en la “esposa trofeo” del presidente Donald Trump

| E.Bárcena | 22 ene 2018

Mientras Donald Trump juraba su cargo como presidente de Estados Unidos, nacía el primer grito contra su administración: #SaveMelania (#SalvaraMelania). La cara seria de la primera dama, Melania Trump, no pasó desapercibida para nadie. La publicación del libro «Fire and Fury: Inside the Trump White House», en el que se desvelaba que la eslovena había llorado tras conocerse la victoria de su marido en las elecciones, confirmaba que a Melania no le interesaba ni la Casa Blanca ni el papel de Primera Dama.
Desde hace años, el único rol que desempeña Melania, y lo hace a la perfección, es ese tan rancio al que «Ella baila sola» dedicó una canción: el de mujer florero. Cuando Donald Trump comunicó que iba a casarse por tercera vez, las columnas de cotilleos estadounidenses coincidían al hablar de su futura esposa: una modelo joven, que exigiría menos esfuerzo del empresario como marido, un «testimonio humano de la hombría del magnate, decorativa, educada, para nada molesta».
Melania lleva años negando que sea «una esposa florero» para Trump. Trump, ante su círculo más cercano, se refiere a ella como «mi mujer trofeo». Este 22 de enero cumplen 13 años de matrimonio. Juzguen si es mala suerte o no.

Chico rico conoce a chica humilde

Donald Trump se fijó por primera vez en Melania Knauss en 1998. Nacida como Melanija Knavs, siempre tuvo claro que su futuro no estaba en su Eslovenia natal. Estudió diseño en la Universidad de Liubliana, empezó a trabajar como modelo y en 1995 se subía a un avión sin mirar atrás para mudarse a Estados Unidos. Nacía entonces Melania Knauss, un nombre más fácil y glamuroso para una joven de un país comunista.
Tres años de posados ligeros de ropa después, Knauss captó la atención del empresario Donald Trump en el Kit Kat Club, un local de moda situado en Times Square. En plena Semana de la Moda de Nueva York, el local estaba frecuentado por dos tipos de personas: modelos y cazamodelos. El propio Trump acudió con una modelo, la noruega Celina Midelfart, y aprovechó una visita al cuarto de baño de su pareja para acercarse a Melania. Le pidió su teléfono, pero fue él quien terminó dándole el suyo a Knauss. Pronto comenzaron un romance en el que, según una de las amigas de la maniquí, Trump le preguntó: «Lo que te gusta de mí son mis manos pequeñas, no mi dinero, ¿verdad?».
Donald Trump y Melania Knauss mantuvieron un noviazgo de siete años antes de comprometerse. Cuando los planes de boda eran serios, la modelo se las ingenió para llevarse a su prometido a Eslovenia. «Estuve allí trece minutos. Aterrizamos, saludé a sus padres y les dije adiós para subirme rápido a mi avión», contó el presidente en el programa de Larry King. Antes de la boda, los padres de Melania y su hermana, Ines, tenían a su disposición un piso en Nueva York.
Desde el momento en el que aceptó casarse con Trump, Melania luce en el anular de su mano izquierda el conocido como «señor de los anillos». De corte esmeralda y un tamaño de más de 12 quilates, color blanco, el anillo de compromiso lo firma la joyería Graff. Costaba tres millones de dólares, pero hay dos versiones del pago: en la primera, se afirma que el ahora presidente pagó la mitad de su valor a cambio de la publicidad a la joyería en su programa «The Apprentice». La segunda versión asegura que salió gratis.

La boda “descuento”
El anillo no fue lo único que fue gratis en la tercera boda del empresario, que llegó a conocerse como «la boda descuento». Multitud de marcas quisieron participar en el enlace. «Por cada cosa hay cinco personas que quieren hacerlo. No quieren nada a cambio, únicamente el reconocimiento. Solo un tonto diría: no, gracias», se excusó Trump en «The New York Times».
El impresionante vestido de Dior con el que Melania contrajo matrimonio supuso 550 horas de trabajo, pero la casa de modas francesa no cobró a la modelo por él. Tampoco Vera Wang aceptó pago alguno por el diseño que Melania lució en el convite, ya que apenas podía caminar con el primer vestido.
La ceremonia se celebró en la iglesia episcopal de Bethesda by-the-Sea, en Palm Beach y el convite tuvo lugar en Mar-a-Lago, la residencia de los Trump en Florida. Hasta 350 invitados acudieron a la boda del año. Entre ellos, los Clinton, Heidi Klum, Arnold Schwarzenegger, Shaquille O´Neal, Anna Wintour o Billy Joel. Solo había una dama de honor, Ines, la hermana de Melania, también vestida de Vera Wang.
Los asistentes degustaron un menú que incluía ensalada de langosta con vinagreta de champán, seguida de ternera como plato principal. La tarta nupcial, de varios pisos, estaba cubierta por tres mil flores de azúcar y su creador, Cedric Barbaret, tardó dos meses en diseñarla y hacerla.

Y vivieron felices...

Seis meses después de su boda, el predictor sonrió a Melania: estaba embarazada. Entonces, según reveló una fuente a «Vanity Fair USA», todo cambió. «Ella tenía 35 años, estaba en ´tiempo de descuento´, Trump solo accedió a tener un hijo si ella recuperaba pronto su figura». En esa época, el empresario reconoció ante el presentador Howard Stern que su esposa «ya no era la gatita que había conocido siete años antes».
Su matrimonio ha hecho correr ríos de tinta, más desde que Donald Trump es presidente de Estados Unidos. Las caras largas de Melania, su negativa a mudarse a la Casa Blanca los primeros meses en favor de su hijo, Barron, el hecho de que no compartan dormitorio en la mansión presidencial, las infidelidades de Trump... Son muchos los hechos que harían tambalear a cualquier pareja. Pero no a ellos.
“No pasan mucho tiempo juntos, hay veces que no saben ni dónde está el otro. Pero es un acuerdo que para ellos funciona”, asegura Michael Wolff en “Fire and Fury”. “Su matrimonio no es solo fachada. Él la admira como mujer trofeo, sin ironía, y con frecuencia la piropea enfrente de otros. Y ella ha dado con la tecla para ser feliz siendo esposa de Donald Trump”.



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