Cochabamba, domingo 21 de enero de 2018
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De la opresión al laicismo, la metamorfosis chilena

| | 13 ene 2018

Del clamor por la libertad en medio de la dictadura que reprimía con dureza cualquier disidencia al creciente laicismo y la pérdida de influencia de la Iglesia católica, Chile ha vivido profundas transformaciones sociales y políticas en los treinta años transcurridos entre las dos visitas papales.

Cuando el próximo lunes el papa Francisco llegue a Santiago, se encontrará con un país muy diferente al que conoció Juan Pablo II en 1987, cuando Karol Wojtyla fue testigo directo de las protestas sociales y el intento de la dictadura de Augusto Pinochet de legitimar el régimen.

Chile es hoy el país de América Latina que peor evalúa al Pontífice, el que cuenta con menos católicos y el que menos confía en la Iglesia católica, según un estudio de la consultora Latinobarómetro que aborda la evolución de la opinión que tienen los latinoamericanos sobre la religión y el Papa en los últimos 22 años.

Según la directora de Latinobarómetro, Marta Lagos, esto se debe a dos fenómenos, "la pérdida de confianza de los católicos en la Iglesia y el aumento de quienes se reconocen como agnósticos, ateos o sin religión", además del "fuerte avance de la religión evangélica".

En Chile, el porcentaje de católicos ha bajado de 74 por ciento en 1995 a 45 por ciento en 2017, una disminución que se ha ido acentuando desde 2010, año en que bajó de 65 por ciento a 60 por ciento , coincidiendo con el destape del "caso Karadima", un proceso abierto primero ante la autoridad eclesiástica y posteriormente ante la justicia ordinaria a raíz de las denuncias de abusos sexuales contra menores por parte del influyente sacerdote Fernando Karadima.

El rechazo social a estas prácticas delictivas en ocasiones ocultadas por la jerarquía eclesiástica es tal que incluso la Conferencia Episcopal de Chile reconoce hoy la necesidad de dar "pasos concretos", aprovechando la visita del Papa, para el reconocimiento de los abusos y la reparación a las víctimas.

"La Iglesia católica es una iglesia viva, que está movilizándose, pero también es una iglesia de dolor, pecado, abuso y, posiblemente, silenciamiento de situaciones del pasado. Con esa Iglesia real viene a encontrarse el papa Francisco y no la vamos a ocultar", admite el portavoz de los obispos, Jaime Coiro.

Pero además de los casos de pederastia, otro elemento puede alterar el viaje apostólico de Jorge Mario Bergoglio a Chile.

Se trata de las protestas de los sectores radicales del movimiento mapuche, que exigen que el Pontífice pida perdón por "la colaboración de la Iglesia católica con el genocidio y la confiscación de los territorios" durante la conquista de la Araucanía, tierra de origen de esa comunidad étnica.

Sortear los conflictos políticos y sociales o hacerles frente es un dilema que también hubo de enfrentar Juan Pablo II en su visita a Chile en 1987, la primera del Obispo de Roma a este país.

Hace 30 años, la llegada de Juan Pablo II a Chile "fue vista por la dictadura como una oportunidad para legitimarse ante el mundo, después de que Naciones Unidas condenara al Gobierno de Pinochet por la violación sistemática de los derechos humanos", explica el periodista Sergio Campos, Premio Nacional de Periodismo 2011.



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