Cochabamba, domingo 21 de enero de 2018
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Lagunas urbanas y gestión mediocre

| | 10 ene 2018

La ilusión perfecta es lo que nos pintan los medios de comunicación cuando aseveran que las lagunas urbanas en Cochabamba se están recuperando. La falta de profundidad de la noticia denota un afán de protagonismo y se evidencia una plena negligencia en el uso del lenguaje al decir, por ejemplo, que Coña Coña a vuelto a ser navegable. En estas condiciones, al público se le hace difícil dimensionar el problema de las lagunas urbanas, más aún si políticos, disfrazados de expertos, se dan la tarea diaria de manipular su opinión con teorías rebuscadas y carentes de fundamento.

En el caso Alalay, el problema de las cianobacterias no ha cambiado y los animales siguen muriendo. El que hayan llegado algunos flamencos y otras aves migratorias no cambia el hecho de que las aguas continuen contaminadas. La falta de peces en la laguna sigue siendo conspicua y es una pena que la prensa no haya informado que la población del platincho, pez endémico del valle, esté ahora al borde de la extinción por su deceso masivo en 2016.

El reciente ingreso de aguas a Alalay simplemente significa un mayor espacio físico para que las cianobacterias se reproduzcan; eso sucedió en 2016, volvió a ocurrir en 2017 y recurrirá en 2018. Esto porque las condiciones químicas de la laguna son exactamente las mismas. Es decir, el riesgo para la salud pública también continúa. Aun cuando los olores no se perciban, los efectos causados por el metano, sulfuro de hidrógeno y por las toxinas de las cianobacterias siguen afectando a la población. Investigaciones recientes que estamos llevando a cabo en zonas aledañas a reservatorios en el sur de Portugal demuestran este efecto silencioso de las cianotoxinas sobre los humanos. Así, la población humana alrededor de Alalay está recibiendo dosis que si bien pueden no ser letales, son suficientes para inducir tumores a nivel renal y hepático así como causar problemas de índole nerviosa.

Aun ahora, las autoridades cuestionan las razones de la catástrofe iniciada en marzo de 2016 y, a pesar de que mis estudios en colaboración con profesionales de países vecinos y Europa, mostraron que el problema sí se debió a cianotoxinas. Hemos identificado las especies de cianobacterias y confirmado su identidad mediante microscopía y biología molecular, y nuestros datos fueron verificados por las autopsias de peces y aves que revelaron consecuencias en órganos internos. Escritos científicos, de prensa, presentaciones académicas y públicas, entrevistas en periódicos y televisión, foros en YouTube y Facebook y una actitud agresiva y frontal de comunicación, revestida de argumentos científicos, no han servido de mucho para derribar las murallas que parapetan a las autoridades del clamor de sus propios electores. Las urgencias ambientales deben ser resueltas a la velocidad con la que se producen y no a la velocidad de haraganerías políticas o la mediocridad que ha caracterizado a las autoridades de turno. Su último trastabillo ha sido el desproveer a la laguna de la cubierta de totoras en la que aves locales y migratorias buscaban anidar y protegerse de los depredadores; sabiendo también que las totoras humidifican el aire y filtran los contaminantes del agua. Yo ya estoy cansado de esta incapacidad, y Ud.?



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