Cochabamba, jueves 26 de abril de 2018
MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

Corazón o cerebro

| | 09 ene 2018

¿Se ama con el corazón o con el cerebro? Aunque no lo crean, la ciencia también se ha ocupado del tema. La antropóloga y bióloga Helen Fisher, con el fin de entender la complejidad del sentimiento del amor, investigó los mecanismos cerebrales que se enredan en el proceso del enamoramiento. Para tal fin, escanearon cerebros de personas enamoradas con el objetivo de observar si hay activación en alguna zona cerebral. Al realizar las pruebas, se pidió a los participantes del estudio dos fotografías: una de la persona amada y otra sin ningún significado. Una vez que la persona era introducida dentro del escáner cerebral, primero se le mostraba en la pantalla la fotografía del supuesto amor durante unos segundos, mientras, el escáner registraba el flujo sanguíneo en distintas regiones del cerebro. Después se pedía a los individuos que observaran un número aleatorio, y luego debían restarlo de siete en siete, para luego mirar la fotografía neutra donde se le volvería a realizar un escáner. Esto se repetía varias veces para obtener un número significativo de imágenes del cerebro y así asegurar la consistencia de lo que se obtenía mientras se miraban ambas fotografías.

Eran varias partes del cerebro de los enamorados que reaccionaban durante el experimento. Sin embargo, parece ser que hay dos regiones que revisten una importancia especial en la sublime experiencia de estar enamorado. Y en efecto, estas zonas del cerebro se tornan especialmente activas cuando un amante mira la foto del ser amado.

A partir de su estudio, Fisher cambió radicalmente el modo de pensar sobre el amor. Antes se consideraba que el amor implicaba una gama de distintas emociones que abarcaban desde la euforia hasta la desesperación. Tras el estudio, se llega a la conclusión de que el amor es un poderoso sistema de motivación, un impulso básico de emparejamiento. Pero, ¿por qué es un impulso y no una emoción o una gama de emociones? La pasión es difícil que desaparezca como cualquier otro impulso, como el hambre, la sed, etc., además de que es complicado de controlar, a diferencia de las emociones. Pues bien, todo lo señalado se relaciona con el amor romántico o enamoramiento, esas mariposas en el estómago cuando se piensa en el ser amado.

Para Fisher, el amor romántico evolucionó en el cerebro para orientar toda nuestra atención y motivación sobre una persona específica. Pero esto no termina aquí. Para volver más complejo el amor, este sistema cerebral que genera una fuerza tan intensa como el amor romántico, también se encuentra intrínsecamente relacionado con otros dos impulsos básicos para el apareamiento: el deseo sexual y la necesidad de establecer un apego profundo con la pareja. La duda es, por qué se sigue amando cuando el amor no es correspondido.

No obstante, independientemente que el amor romántico, el deseo sexual y el apego suceden tal como se explicó, no necesariamente sigue ese orden. Del mismo modo, el sentimiento de cariño hacia un amigo puede irrumpir en amor intenso. Inclusive es posible sentir atracción sexual por una persona, amor romántico por otra y un profundo apego por otra diferente. Con todo, esta sugerente teoría abre puertas en el intento de explicar otra conducta en este enredo: la infidelidad.



cerebro,Corazón

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