Cochabamba, jueves 14 de diciembre de 2017
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Inspección técnica vehicular

| | 07 dic 2017

Como buena noticia se recibió la consabida ampliación del plazo para la inspección técnica de motorizados, hasta el 31 de enero de 2018, para terminar con la recaudación de 30 bolivianos por cada vehículo que circula por las calles, avenidas y carreteras de Bolivia.

Aunque no sirva de nada, porque nadie hace algo al respecto, sabemos que este tributo anual, con la etiqueta de inspección técnica vehicular, solo es para particulares, porque el servicio público está exento de la revisión anual que tanto precisa, por su lamentable deterioro.

La exacción camuflada, aparte de protestas inútiles, recibe observaciones, como que, por sentido común, debería ser para circular el año posterior a la revisión, pero en la roseta que nos entregaban antes siempre figuraba el año concluido.

Entre las variantes, la Policía, receptora de este aporte que suma una cantidad considerable, anunció que ya no se entregará la roseta para colocar en el coche, entonces se controlará con la información de la Agencia Nacional de Hidrocarburos o el Registro Único Automotor.

Los ciudadanos se quejan de que, aparte de perder bastante tiempo en la tortuosa ceremonia de revisión, los agentes, seguramente técnicos expertos, les observan lo mínimo, en cumplimiento de los requisitos exigidos.

Por eso, muchos optan por la vía rápida para eludir el chequeo, aunque tengan que abonar el doble de lo que se debe depositar al banco.

Lo que apena es que micros, trufis, colectivos o taxis no se sometan a ninguna revisión y, vía sus poderosos sindicatos, con su depósito bancario y seguramente una comisión, obtienen su irresponsable habilitación, cuando los usuarios sabemos y sufrimos que muchos motorizados son cacharros que no solo son incómodos, sino un peligro andante para los pasajeros y peatones.

Increíblemente, los ciudadanos soportamos estoicamente la dictadura de un sector que no ofrece un servicio más seguro, cómodo y limpio, ante la indiferencia y complicidad de autoridades, que no tienen un plan para ayudar a cambiar vehículos que ya no deberían circular.

Hasta radiotaxis, antes lo mejor del transporte público, con excepciones, están denotando un servicio deficiente. Mientras tanto, la ciudad impasible aguarda los llajtabuses, una promesa electoral todavía incumplida.



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