Cochabamba, lunes 18 de diciembre de 2017
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DE FRENTE

Poder sin límites

| | 03 dic 2017

En más de una década del Gobierno de quienes se autocalifican izquierdistas y revolucionarios, la democracia arrancada de las dictaduras en el país ha ido sufriendo un deterioro sistemático que para muchos fue pasando inadvertido. La aparente bonanza económica, el espejismo de que el pueblo decidiría sobre su destino sin el paternalismo de personajes que en el pasado creían saber lo que se necesita para ser feliz, tuvo un efecto adormecedor hasta el punto de que gravísimas violaciones a derechos humanos, como persecuciones políticas, ejecuciones sumarias, aprobación de leyes punitivas con carácter retroactivo y persecución penal con desconocimiento de principios básicos, pasaron como un incidente sin mayor trascendencia.

Los escándalos ocasionados por el descubrimiento de los multimillonarios casos de corrupción fueron los que recién empezaron a provocar un aguijonazo de malestar en muchas personas y organizaciones que hasta ese momento se habían mantenido indiferentes a lo que sucedía en su entorno, sea porque no les afectaba directamente, o porque su apuesta por el proyecto político, que se los vendieron muy bien empaquetado y con una graciosa moña, se resistía a admitir que sufrió un timo.

Hoy, ante un hecho aberrante jurídica, política, moral y éticamente, la gente recién empieza a abrir los ojos a una realidad que apenas es el asomo de la pesadilla que se avecina.

Es evidente que la resolución del mal llamado Tribunal Constitucional Plurinacional ha tirado al trasto la Constitución Política del Estado, hiriendo de muerte al debilitado Estado de derecho y a la democracia en Bolivia. Muchas son las reacciones de dentro y fuera del país que censuran ese sometimiento servil de los tribunos; pero, se sabía con antelación que la elección de estos era muy simple: o firmaban el proyecto de resolución que el Ejecutivo les envió, o se iban a la cárcel por unos buenos años, dados los múltiples procesos penales que pesan sobre ellos y ella por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Optaron por su libertad aun a riesgo de recibir los escupitajos de la gente.

Sin embargo, el problema no radica únicamente en que si el binomio gobernante se perpetua en el poder, sino y sobre todo, en la apertura de la compuerta hacia un Estado totalitario en el que la Constitución Política del Estado, las leyes y los tratados de DDHH se hallan sujetos a la interpretación libre y arbitraria del gobernante o pueden ser prescindidas si resultan incómodas. Vivimos un momento de mucho mayor riesgo que en las dictaduras militares, los valores vida, libertad, dignidad e integridad adquieren un carácter de extrema relatividad (...).



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