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Amenazas ambientales

| | 03 dic 2017

Múltiples amenazas sufre Cochabamba: sequías, inundaciones, heladas, granizadas, contaminación atmosférica, hídrica, acústica e incendios. Es muy común considerar que estas amenazas son causadas por el cambio climático, como una forma de escapar a responsabilidades. Si bien es cierto que el calentamiento global es un problema mundial, que las causas son múltiples y que debe ser enfrentado a nivel global, es también una necesidad que desde cada territorio se tomen medidas, considerando que todos aportamos a este desequilibrio ambiental.

Los peligros que se ciernen en nuestra realidad concreta municipal no caen del cielo. Son acciones antropogénicas propias, cuyo origen es la falta de comprensión de que nuestra naturaleza es finita y de que en nuestros actos prima un enfoque mercantilista de la tierra y de todas nuestras relaciones urbanas. La sequía y la subida de temperatura a niveles extraordinarios, la contaminación atmosférica y los daños causados por los rayos ultravioleta pueden se mitigados teniendo algunas consideraciones que no significan grandes sacrificios para ciudadanos y ciudadanas. Hay especialmente la necesidad de que las autoridades asuman una posición decidida y anticapitalista, cuidando y actuando con amor a la Madre Tierra y los seres humanos, y no en función del lucro o del prestigio político.

Es sabido que los árboles juegan un rol importante para paliar la contaminación, crear microclimas agradables, generar lluvias y humedad y alegrar nuestra existencia. Sin embargo, algo inverosímil es la actitud depredadora y criminal que sucede día a día, cuando vemos que instituciones como Emavra realiza podas indiscriminadas, nada técnicas y exageradas, bajo el pretexto de remodelación de plazas y plazuelas. Están también las acciones de la entidad municipal que prioriza pasos a desnivel, túneles o puentes para beneficiar al automóvil, y por ello deforestan las zonas de intervención, consiguiendo conectores que las personas que circulan a pie no los pueden utilizar. Lo mismo sucede por la acción de empresas de electricidad que realizan cortes desequilibrantes en las ramas para cuidar los cables, o las destrucciones de árboles frente a cada nueva construcción de edificios y la no reposición de los mismos, o la acción de algunos vecinos que los matan porque las hojas ensucian sus aceras o por el miedo a que delincuentes se oculten en sus ramas.

Pero lo más preocupante y recurrente son los incendios provocados en el parque Tunari. Nunca se sanciona a los culpables (loteadores delincuentes), para quienes es más importante la necesidad de enriquecerse a costa de destruir la vida. Tampoco se reponen las plantas con campañas de forestación. Se han destruido cerca de 270 hectáreas de bosque en el último incendio.

Nos preocupa que los bosques incendiados estén ubicados en zona de recarga de acuíferos, lo que provoca falta de absorción de agua necesaria para los pozos y plantas de la parte baja de la ciudad. Esto, indudablemente, creará una sequía catastrófica. El biólogo José Balderrama dice que, al perderse la vegetación, las raíces dejan de absorber agua y el líquido se escurre.

Por consiguiente, tanto autoridades como ciudadanos debemos enfrentar estos riesgos de manera urgente. Debemos conseguir una relación armónica con la Madre Tierra, empezando con la defensa intransigente de nuestros árboles y nuestras áreas verdes y consiguiendo una relación armónica entre seres humanos.



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