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El tiempo

| | 03 dic 2017

La existencia del tiempo y su complejidad para definir en qué consiste es uno de los debates más apasionantes de la filosofía que inicia con los antiguos pensadores griegos liderados por Platón y Aristóteles; sigue en la Edad Media con las ideas agustinianas; alcanza su clímax en el siglo XVIII con el desencuentro entre las posturas de Newton y Kant y llega hasta nuestros días denominado como la filosofía del espacio y tiempo.

Platón, en su diálogo Timeo, es el primero en encargarse de la realidad temporal, aunque en forma de relato más que como una formulación lógica. Según la narración, el tiempo fue creado después del universo para perfeccionar el movimiento de los astros, en sintonía con un modelo matemático de una realidad superior: el Mundo de las Ideas. De esta forma, el tiempo que marcan los astros en su perpetuo vaivén resulta la imagen móvil de la eternidad.

Pero es Aristóteles, su discípulo, quien en la obra titulada “Física” ofrece una primera explicación racional al observar que la percepción del tiempo es conjunta a la del movimiento. Razona de la siguiente manera: es cierto que podemos estar en la oscuridad y no percibirlo al no moverse ningún cuerpo; sin embargo, basta un movimiento en la mente para darnos cuenta de que el tiempo ha transcurrido. Por tanto, el tiempo es la medida del movimiento según el antes y el después. Pero, entonces, ¿qué sucede con el efímero “ahora”? ¿Dónde está lo pasado antes de hacerse presente y qué ocurre con este que se ha desvanecido al instante? Ahí reside el problema del tiempo para Aristóteles: el “ahora” es parte del pasado y del futuro y no existe; sin embargo, es concebido por ambos. Es difícil imaginar un instante que está hecho de momentos que no existen.

Como la filosofía tiene la tendencia de complejizarse, se ha ido fusionando a los problemas matemáticos, físicos y astrofísicos. Basado en ello, Quincy Larson en “Médium” realiza una apreciación para tomar en cuenta: En 10 a la primera potencia años nuestra mascota va a morir, en 10 a la segunda tú vas a morir, en 10 a la tercera toda tu descendencia va a morir, en 10 a la novena la Tierra va a morir, en 10 a la décima el Sol va a morir, en 10 a la onceava nuestra galaxia va a morir, en 10 quinceava las estrellas van a morir, en 10 a la potencia 100 los hoyos negros van a morir... hasta que el final solo quede una oscuridad absoluta.

Basado en la apreciación aristotélica, siempre he creído que el hoy no existe. Que ese pequeño espacio de tiempo se encuentra atrapado entre lo que pasó y lo que pasará. El hoy, entonces, son pequeñas transiciones entre el ayer y el mañana, y por tanto esos pequeños momentos que llamamos “ahora” no pueden ser medidos cuantitativamente, sino sentimentalmente. Son espacios muertos en tiempo, pero sumamente ricos en memoria.



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