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Agua: la necesidad de un nuevo paradigma

| | 29 nov 2017

Ahora más que nunca, necesitamos de menos folclorismos en el tema agua. Ante los cambios en patrones climáticos y ante la recrudecida escasez del líquido elemento, precisamos de un giro de 180 grados para revertir la situación actual. Quien continúe pensando en represas o el traslado de agua desde grandes distancias está profundamente equivocado. Las experiencias en otras regiones del mundo mostraron que esos no son los caminos a seguir, especialmente si se buscan soluciones a largo plazo.

Nuestros ingenieros gastan millones en el manejo integral de cuencas, basados en un paradigma pretérito y sin evidencia de que este haya producido un beneficio continuo en algún lugar del planeta. Debemos ya considerar alternativas que funcionen y perduren. Sabemos que el valle interandino sufre una degradación ambiental extrema que deriva en sequía. Los extensos cultivos no retienen suficiente agua para recargar venas subterráneas y no evaporan el líquido eficientemente, por lo que el ciclo hidrológico se altera reduciendo las lluvias. La tala de árboles también modifica el ciclo hidrológico disminuyendo la cantidad de agua disponible en la región. En la ciudad, se añade la impermeabilización de zonas de recarga de acuíferos y la plantación de eucaliptos y pinos que eliminan ingentes cantidades de agua a la atmósfera, secando las fuentes subterráneas, pero sin producir lluvias. Esto último se debe a que la contaminación atmosférica impide, dentro de las nubes, la formación de gotas lo suficientemente grandes como para causar precipitación. También, la mala gestión de lagunas y ríos urbanos ha reducido las masas de agua superficial que tenían influencia sobre el clima regional, humidificando, purificando y refrigerando la atmósfera, pero también contribuyendo a la producción de lluvia.

Necesitamos, pues, una nueva visión que integre al país y que incorpore gestiones internacionales cuando así se requiera. Si queremos agua para Cochabamba, tendremos que conservar y proteger los bosques de la Amazonía y Yungas, los cuales contribuyen al flujo de los ríos voladores que descargan agua en el valle. Tendremos que forestar y reforestar grandes áreas para restaurar el ciclo hidrológico local, empleando especies nativas que crecen más rápido y en armonía con los elementos geológicos, climáticos y biológicos del entorno. Y tendremos que recuperar las zonas de infiltración y recarga de acuíferos, así como también disminuir la explotación de aguas subterráneas, explotación que ha coadyuvado a la reducción de áreas vegetadas, desplazando la tabla de agua por debajo del alcance de las raíces de los árboles. Por tanto, también tendremos que ser innovadores en materia de recuperación de bosques.

Ya no podemos seguir rogando a santos para satisfacer necesidades reales, perpetuando la noción de que alguien más debe arreglar las cosas por nosotros. Y en el proceso de construcción de una nueva mentalidad, aprendamos a elegir bien a nuestras autoridades, porque ya estuvo bueno de fantoches que nos dejan cada vez más secos en términos de agua, dinero y sangre. Por su incompetencia, se han reducido las probabilidades de recuperar lo que teníamos y de sobrevivir las profundas modificaciones climáticas que se nos vienen encima.



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